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ARQUEOLOGÍA EN LA JUDERÍA DE JAÉN

ARTÍCULO PRESENTADO AL “CONGRESO DE ARQUEOLOGÍA JUDÍA MEDIEVAL EN LA PENÍNSULA IBÉRICA” CELEBRADO EN MURCIA DEL 26 AL 28 DE FEBRERO DE 2009 (EN PRENSA

AUTORES:

Vicente Barba Colmenero

Francisca Alcalá Lirio

Alberto Fernández Ordóñez

Manuel Jesús Torres Soria

Resumen:

En este texto se hace una reflexión a cerca de la Arqueología Judía en la ciudad de Jaén, acercándonos al espacio urbano que ocupó la judería a través de las distintas intervenciones arqueológicas realizadas en su interior. Destacamos tres recientes actuaciones: Plaza de los Huérfanos, solar de la calle Santa Cruz-Rostro y el solar del APAIII de San Andrés.

Abstract:

In this text there is a reflection about Jewish Archaeology in the province of Jaén, dealing with the urban space that the Jewry occupied through the different archaeological interventions carried out in it. We can highlight three recent actions: Los Huérfanos Square, The Santa Cruz-Rostro Street site and the APAIII San Andres site.

Palabras clave:

Judería, Jaén, Puerta Baeza, Santa Cruz, San Andrés

 

La judería de Jaén ha permanecido durante mucho tiempo dormida, apartada e incluso excluida, pero ahora algo está cambiando. Se corresponde con uno de los barrios más deprimidos del casco histórico de nuestra ciudad. Muerta y olvidada durante siglos, en nuestra década se ha iniciado un interesante proceso de recuperación de un barrio que hasta hace muy poco tiempo era desconocido por la población general de la ciudad. Gracias a la coordinación entre colectivos de ciudadanos, asociaciones culturales, a los poderes políticos municipales, a empresas privadas y a los investigadores en general, este proceso de renovación empieza a materializarse con la creación de nuevos espacios públicos, el diseño de nuevas estrategias de investigación, y la puesta en valor de su patrimonio mueble e inmueble. Es importante apuntar que desde la ciudadanía se está apostado por la recuperación de aquellas callejuelas empinadas y estrechas, con casas abandonadas y solares llenos de basuras, aquel lugar conocido por nuestros mayores como judería pero sin límites precisos para nadie.

Nosotros analizaremos este barrio desde el punto de vista de la arqueología, pero debemos apuntar que no somos expertos en temas judíos, de hecho cuando comenzamos a excavar en la judería de Jaén, muy poco habíamos oído hablar de la arqueología judía, y mucho menos sospechábamos que los hallazgos que localizamos en varias excavaciones fueran a despertar tanto interés, ya que se nos revelaron como pequeños nuevos enlaces hacia aspectos hasta ahora inesperados en materia arqueológica en nuestra ciudad.

Por el momento, son escasos los datos arqueológicos que disponemos de la judería de Jaén, sabemos que queda un largo camino por recorrer, que debe pivotar sobre unas bases consensuadas de un proyecto común entre los distintos entes implicados en este proceso de despertar.

En la ciudad de Jaén, los datos históricos sobre judíos son escasos e inconexos, si bien los expertos han sabido ubicar perfectamente el epicentro de la que fuera aljama judía de la ciudad. En los últimos años esos datos se están viendo complementados y/o confirmados con las excavaciones arqueológicas al igual que en otras ciudades, están aportando un nuevo enfoque.

Sabemos que la primera referencia documental que tenemos data del año 612 d.C., cuando el rey Sisebuto remitió una misiva para varias ciudades entre las que incluía a Jaén, por la que se recordaba la prohibición a los judíos de tener esclavos cristianos, demostrándose que en esta ciudad ya existía población judía con el suficiente poder como para no estar cumpliendo con la normativa en cuestión.

A partir de este momento encontramos algunas noticias sobre los judíos de Jaén, entre las que destaca la gran figura de Hasday ibn Shaprut (915-970). Fue un personaje importante en el califato de Córdoba, siendo embajador y médico de ‘Abd al-Rahman III, llegando a alcanzar puestos de relevancia en la corte musulmana. En 1246, con la toma de la ciudad de Jaén por Fernando III, encontramos documentos que demuestran la existencia de una numerosa población judía, y sabemos que a mediados del siglo XIII, según estos documentos, la judería de Jaén era de tamaño considerable. A pesar de que 1391 supondrá, según la mayoría de los estudiosos, el final de la presencia judía en Jaén, diversas persecuciones contra los judeoconversos a lo largo del siglo XV y la actuación del Tribunal de la Inquisición contra los judaizantes, hasta bien entrado el siglo XVIII, nos muestra una presencia criptojudía durante varios siglos más en la ciudad.

Con la expulsión de los judíos de la ciudad de Jaén, sus sinagogas son convertidas en iglesias cristianas, una de ellas lo hace bajo la advocación de la Santa Cruz, nombre que recibe también la antigua judería, en donde muchas de estas familias seguirán ocupando sus casas. A partir de esta época lo harán de forma más “silenciosa”, por así decirlo, ya que de hecho en 1483 se establece en plena judería el Tercer Tribunal de la Inquisición, ya que al parecer era Jaén uno de los lugares con mayor presencia judeoconversa. Recientemente se ha realizado una excavación arqueológica donde se supone que estaba instalado este tribunal, y de la que más adelante hablaremos (solar del APAIII San Andrés).

Respecto a la documentación arqueológica, desde los años 80 se vienen desarrollando excavaciones arqueológicas de urgencia o preventivas en el ámbito de la judería. La mayor parte de ellas no contemplaban la necesidad de documentar estrategias de investigación orientadas al conocimiento de la judería, solamente en estos últimos años se ha producido un giro radical de 360º, ya que las actuaciones arqueológicas que se realizan en este ámbito persiguen una serie de objetivos muy concretos: el conocimiento estratigráfico de la configuración espacio-funcional de las distintas fases que formaron la judería de Jaén.

Pese a tener una gran cantidad de intervenciones arqueológicas realizadas en esta zona, como decíamos, por ahora son escasos los elementos materiales que se han localizado identificables con la judería de Jaén. Para empezar cabe señalar que aún hoy en día no hay unanimidad sobre los límites exactos que ocupaba la judería de Jaén, de hecho parece ser que después de la conversión de muchos judíos la población también se desplaza hacia otros barrios de la ciudad, información que aún no ha sido suficientemente investigada. Tradicionalmente de una forma más o menos difusa, se ha identificado a la judería de Jaén con el espacio que formarían las calles Santa Cruz y sus travesías, y la calle y plaza del Rostro (Coronas, L. 2003. p.45; Salvatierra, V. 2003. p.437), a nuestro entender un ámbito muy reducido para la densidad poblacional de la misma, que se estima en 1.500 almas en el siglo XIV.

De forma imprecisa, conocemos algunos de los lugares de la judería en tiempo del Jaén cristiano, y los diversos investigadores apuntan que la judería debió ocupar los mismos espacios en tiempos de la dominación musulmana, como parece corroborar la aparición de los restos arqueológicos de un hamman que, a priori, se identifica con el Hamman ibn Ishaq, baño del siglo XIII documentado como de propiedad hebrea. De esta forma, hemos propuesto la siguiente delimitación para la judería de Jaén a tenor de los restos arqueológicos localizados espacialmente: por un lado tenemos la configuración de las murallas medievales fechadas en el siglo XI, y donde localizamos una de las puertas de entrada a la ciudad medieval, la Puerta Baeza, recientemente excavada, de la que tenemos documentos que nos hablan que fue la puerta principal de entrada a la judería de Jaén (Coronas, L. 2003., Coronas L. 2008) y de la que hablaremos más adelante. Por otro lado, tenemos en el borde Norte a la calle San Andrés, límite muy claro si nos atenemos a varios datos, por un lado recientemente se ha localizado en ese lugar un tramo de la muralla romana[1], y sabemos también que esta calle ya existía en el siglo XIV ya que era uno de los itinerarios más mencionado en diversas crónicas de la ciudad[2], eje principal desde donde se comunicaba la Puerta Baeza con la zona alta de la ciudad. Su límite Este viene a coincidir con la actual calle Martínez Molina, lugar ocupado en época visigoda por una necrópolis excavada en la plaza de San Juan y que se extiende bajo la iglesia del mismo nombre y que luego será ocupada por viviendas de época almohade[3] (Castillo, J.C y Castillo, J.L. 1992).

Por último, su límite Sur viene a coincidir con la calle Los Caños, lugar este en el que se ha localizado un baño islámico, el conocido como el Baño del Naranjo (Salvatierra, V; Castillo, J.C y Castillo, J.L. 1993) y el alminar de una mezquita (Pérez, Mª C; Jiménez, Y y Cano, J. 1995). Y la Calle Arroyo de San Pedro, recibiendo el nombre ya que por ella circuló un arroyo hasta que fue encauzado en el siglo XVI, el cual ha sido identificado arqueológicamente[4].

Mirando la configuración urbana del plano catastral de la judería parece coincidir con un gran adarve, formando una compleja estructura urbana, cerrada en sí misma ya que hoy en día sólo presenta cuatro salidas que configuran un barrio muy individualizado con una fisonomía urbana bajomedieval-renacentista, donde encontramos edificaciones en los frentes largos de las parcelas y profundos patios y huertos traseros. En su interior, en su parte más elevada, identificamos grandes manzanas urbanas, con solares despoblados y donde destaca el gran espacio que ocupa el convento de Santa Clara, que según Luis Coronas para su construcción fueron adquiridos casas y huertos judíos (Coronas, L. 2003., Coronas L. 2008), que se encontraban junto a la sinagoga de la calle Santa Cruz, además de incorporarse la propia sinagoga, convertida en iglesia de Santa Cruz tras las persecuciones de 1391, de la cual aún queda levantado el vestigio de un lienzo de mampostería que forma parte de las tapias del propio convento. Este espacio de la sinagoga nunca ha sido intervenida arqueológicamente ya que actualmente se encuentra en propiedad de dicho convento, aunque se conservan documentos que nos confirman su ubicación como el de 1312 cuando la sinagoga fue quitada a los judíos y pasa a llamarse Iglesia de Santa Cruz, y de 1413 indicándonos que se encontraba al lado del refectorio del convento de Sta. Clara (Salvatierra, V. 2003).

Otra posible sinagoga, se ha identificado con la actual Iglesia de San Andrés, aunque no ha existido unanimidad en los estudios,  ya que algunos identificaban el origen del templo con una mezquita, si bien la aparición a escasos metros del mismo del mencionado Hamman ibn Ishaq podría descartar, en principio, su origen como mezquita, y existen toda una serie de indicios que parecen apuntar a su primigenia función como sinagoga. Entre los indicios encontramos: puertas de acceso laterales, inexistencia de fachada monumental en el muro Oeste, planta rectangular orientada al Este a la que se añadió siglos después un ábside, patio de acceso previo al templo desde el interior del adarve judío, nivel del suelo inferior al de la calle, etc. (Cámara, R. 2007).

Recientemente se han realizado varias intervenciones arqueológicas dentro del ámbito de la judería, cuyos resultados han conseguido que nos replanteemos nuestras actuaciones en este lugar. A continuación analizaremos tres actuaciones de las más importantes realizadas.

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA DE LA PLAZA DE LOS HUÉRFANOS

La excavación arqueológica consiguió documentar parte del sistema de fortificación de la ciudad medieval, que atravesaba la plaza procedente de la medianería trasera de las viviendas de la calle Millán de Priego, y se dirigía hacia el Sur. Lo más relevante fue la localización de una de las puertas de entrada a la ciudad: la conocida como Puerta de Baeza, que daba acceso directo al barrio de la judería y que durante la edad Media fue su entrada principal (Navarro, M. et alii. 2004).

Sobre esta entrada a la ciudad ha habido bastantes debates historiográficos ya que se la reconoce como una de las más importantes puertas que tenía el perímetro amurallado. Por este motivo se consideraba que debía de estar situada orientada hacia la calle San Andrés, ya que no se le reconocía que por su importancia, debía estar en posesión de la comunidad judía. Pues bien, tras la intervención arqueológica se desprende que la Puerta de Baeza se encuentra claramente vinculada a la judería ya que su orientación es directa hacia la calle Los Huérfanos y sin duda debió ser su puerta principal.

Los restos arqueológicos más antiguos documentados en la plaza datan del siglo X, anterior a la construcción de las murallas, y se corresponden con varias estructuras y un pavimento o suelo formado por losas de gran tamaño de mármol blanco.

En un momento posterior, comprendido entre los siglos XI-XII, se construyen las principales estructuras documentadas y relacionadas con la fortificación: son los lienzos de murallas que reproducen un trazado zigzagueante en todo el recorrido de la plaza, y una torre que defendía el acceso de entrada a la judería.

En la zona interna de las murallas hemos consiguió encontrar la antigua calle por la que transitaban los habitantes de la judería, o lo que se conoce como camino de ronda, que tenía unos 4 metros de anchura y se encontraba empedrado. Esta calle es continuamente recrecida entre los siglo XI-XIII, por sucesivas nivelaciones de distintos suelos empedrados, localizándose debajo de estos los sistemas de alcantarillado que tenía la judería.

La evacuación de las aguas se realizaba  a través de una apertura en las murallas junto a la puerta, dirigiéndose hacia extramuros al lugar conocido por las fuentes escritas como “el barranco de los judíos” o “muladar de los judíos”, barranco en el que se ubicaba  “la puente de los judíos”, expresión que se cita en varios documentos, donde también se habla de un fonsario (Porras, P.A. 1993; Coronas, L. 2003). Esta zona podría identificarse como el lugar que pudo ocupar el cementerio judío. Por ahora, no se ha identificado ningún tipo de enterramiento en esta zona ya que está ocupada actualmente por edificios que se realizaron hace bastantes años sin intervenciones arqueológicas previas, simplemente en pequeñas franjas para introducir infraestructuras realizadas recientemente, se han identificado la presencia de algunos restos óseos humanos, sin que el hallazgo haya tenido mayor trascendencia; por lo tanto, es una zona sobre la que tendremos que tener una especial atención en los próximos años.

Tras la conquista castellana no se observan importantes reformas en esta parte de la fortificación de la ciudad, aunque lo más destacado es la reforma de la puerta de entrada a la judería. Para ello, se levanta un muro de sillares, reforzando la estructura de la puerta antigua, la cual presenta unas dimensiones de 3 metros de ancho. Tenía un excelente estado de conservación y se pudieron encontrar algunos herrajes de la propia puerta como su molinillo y la quicialera. También se localizaron elementos reutilizados como es el caso de una columna de mármol, que debió de hacer la función de tope de la puerta propiamente dicho.

 

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL SOLAR DE LAS CALLES SANTA CRUZ Y ROSTRO

La segunda excavación que destacamos se realizó en un solar entre las calles Santa Cruz y Rostro, lugar considerado tradicionalmente como centro de la judería. Fue en esta intervención donde la propia documentación arqueológica que se recuperó se nos reveló como auténtica consigna para empezar de cero a investigar en esta zona de la ciudad[5].

Se han detectado cuatro grandes momentos constructivos o momentos históricos significativos: 

1. El primero de ellos lo fechamos en torno al siglo XIII. Los restos que se han conservado en el solar son escasos y aislados, aunque significativos, esto es debido a que las construcciones posteriores al edificar sobre ellos los arrasaron en su mayor parte. Las estructuras más relevantes se corresponden con dos muros que conforman una calle o adarve perteneciente a la judería del siglo XIII.

2. Hacia finales del siglo XIII y principios del XIV se produce un cambio radical en la configuración urbana de todo el lugar. En estos momentos el solar está ocupado por dos grandes viviendas señoriales, una con fachada a la Calle Santa Cruz y la otra a la actual Calle Rostro. Éstas estaban separadas por un muro medianero que ha perdurado con la misma función hasta nuestros días. Con la construcción de este muro, la calle o adarve del momento anterior fue repartida entre las dos viviendas, cortándola por la mitad.

La tipología constructiva de ambas casas es muy similar, y nos ha llamado especialmente la atención que ambas levantan muros de mampostería con alternancia de verdugadas de ladrillo. Esta misma técnica, la identificamos en los pavimentos que son realizados con cantos rodados y líneas maestras de ladrillo.

Estas dos viviendas tienen un patio interior central de grandes dimensiones, y en ambos casos se encontraban porticados, ya que se han localizado en la casa de la calle Rostro dos pilares de ladrillos, y en la otra casa una base de columna. Entorno a estos patios encontramos la distribución de las diversas dependencias que conforman la vivienda.

Si bien la tipología de ambas es muy parecida, el estado de conservación es diferente. Por un lado, la vivienda que presenta fachada en la Calle Rostro ha permanecido en mejor estado de conservación, y hemos podido documentar una planta sótano identificado como una bodega cubierta con bóveda de cañón realizada de ladrillo. En su interior se han recuperado diferentes recipientes de almacenaje de grandes dimensiones. La bodega, de grandes dimensiones, tenía su entrada situada en el centro de la nave, dando acceso a otra sala que no ha podido ser investigada ya que se introduce bajo la casa colindante.

De esta fase, podemos adscribir los muros perimetrales del solar, que hoy en día en parte aún se conservan en pie, y por lo tanto podemos afirmar que tanto la calle Santa Cruz y su Travesía datan del siglo XIV, y por tanto la trama urbana de este entorno de la judería de Jaén tendría un claro origen medieval.

Las dos grandes casonas forman una retícula cuadrangular donde el elemento que parece predominar es el patio central y las crujías alargadas laterales donde se distribuyen las distintas dependencias (zaguán, cocina, alcobas, cuadras…). Sin duda alguna se corresponderían con casas señoriales de este momento, en el que las fuentes y los diferentes estudios apuntan a que en la zona habitarían una nutrida población de judeoconversos.

3. Esas grandes viviendas, en un momento posterior, comprendido entre finales del siglo XV y el siglo XVIII, se segregan en tres casas. En primer lugar llama la atención que la casa que ocupa la calle Santa Cruz y parte de la travesía, amplia su espacio hacia la otra vivienda, incorporando un huerto o jardín sobre terrenos de la casa vecina siglos atrás. Del mismo modo, el patio porticado que presentaba pilares de ladrillos se abandona y este espacio se compartimenta con nuevas estructuras, lo cual anulará su uso anterior. 

4. Ya en época contemporánea entre los siglos XVIII-XIX y XX, el solar queda configurado por cuatro viviendas consecuencia de una nueva división de las propiedades.

La última etapa de ocupación del solar será a finales del siglo XX, cuando todas estas casas fueron derribadas y la zona quedó como solar hasta que se realizó la intervención arqueológica.

Queremos destacar que durante el proceso de excavación se documentó un objeto realizado en marfil y localizado en un contexto cerrado de la primera mitad del siglo XIV. Se documentó en el interior de la bodega anteriormente descrita de la vivienda que tenía fachada a la calle Rostro, y su aparición ha tenido una repercusión mediática importante tanto en nuestra ciudad como fuera de ella. Se corresponde con un pequeño objeto de 10 cm. de longitud y un grosor aproximado de 8 mm. En la parte superior se observa un singular labrado con decoración incisa y una hendidura en uno de sus extremos que puede indicarnos que este objeto debió estar sujeto a otro a través de un cordón, hilo o cadena. Por este motivo, en un principio la pieza fue inventariada como un bolillo: objeto torneado y que tensa el hilo con el que se tejen encajes y pasamanerías. No obstante, algunos investigadores han apuntado que podría corresponderse con un puntero de lectura de la torah. Hasta la fecha hemos recibido diversas interpretaciones sobre este objeto, sin que encontremos unanimidad a favor o en contra de la función que tuvo en el siglo XIV. Lo único que tenemos claro es su contexto arqueológico y su datación estratigráfica que nos confirma que se trata de un objeto que fue utilizado por una persona judía.   

 

 

 

INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN EL SOLAR DEL APA III SAN ANDRÉS

Actualmente, se esta llevando a cabo otra intervención arqueológica en un gran espacio que se pretende edificar, y han comenzado los estudios previos, con mucha dificultades ya que se corresponde con una de las zona más marginales de nuestra ciudad. En este gran espacio se están documentando nuevos elementos que nos pueden ayudar a comprender mejor la fisonomía de la antigua judería. Hasta el momento se han realizado tres campañas de excavación[6] sin que se haya concluido la excavación completa de todo el solar que tiene unos 4.300 m2. Las tres intervenciones solamente han contemplado la realización de varias fases de sondeos y excavación en área de algunas zonas, siendo los primeros resultados elocuentes, ya que se ha conseguido documentar un baño parcialmente excavado y fechado en el siglo XIII. La existencia de este baño dentro de los límites de la judería confirma la teoría de los estudiosos de que el hamman ibn Ishaq, baño de propiedad judía mencionado en las fuentes documentales (al-Himyari), se ubica en el interior del barrio judío, que siempre habría estado en el mismo lugar, tanto bajo dominación musulmana como cristiana. Con posterioridad, este baño fue convertido durante la edad moderna en lavadero público. El hamman documentado, legado material hispanojudío, no debemos confundirlo con el baño ritual judío o micvé que debió existir en la judería y del que, hasta el momento, no se tiene noticia ninguna, ni documental ni arqueológica.

No obstante, aún queda por excavar estas dependencias al completo para poder caracterizarlas con exactitud, pero es significativo el hecho de que se localicen junto a la actual iglesia de San Andrés, identificada como decimos con una posible sinagoga de la judería.

En este solar también se ha localizado, en muy buen estado de conservación, lo que fuera el primer tribunal de la Inquisición del Reino de Jaén, que posteriormente se trasladaría al espacio que ocupa el Real Monasterio de Santo Domingo. Dichos restos arqueológicos, relacionados con la persecución a judaizantes y ubicado en el centro del barrio judío con toda la intencionalidad, puesto que en dicho barrio se concentraban según las fuentes la mayor densidad de población judeoconversa. Se corresponde con un gran edificio realizado de sillarejo del que no se han excavado sus límites totales pero que presenta diversas dependencias que actualmente están siendo investigadas en profundidad. Con posterioridad entre los siglo XVII-XVIII, esta gran construcción es segregada en 3 viviendas.  

Para finalizar nos gustaría acabar con una pequeña reflexión:

La cuidad de Jaén tenía una importante población judía que no debe pasar desapercibida para los arqueólogos. Sabemos que contamos con múltiples limitaciones a la hora de abordar un estudio arqueológico donde por ejemplo excavemos casas o propiedades de estas poblaciones judías, ya que en primer lugar, la cultura material que localizamos es igual a la del resto de la población, pero no por ello dejaron de ser, al menos normalmente, casas de judíos o judeoconversos. También como hemos visto, la judería de Jaén empieza a ser una realidad, un espacio repleto de historias por contar, un lugar por descubrir arqueológicamente, pero del que tenemos una buena base para comenzar a trabajar, con elementos que se van documentando en las actuaciones arqueológicas y otros que están por confirmarse o redefinirse. Por tanto, se puede concluir que evidentemente tenemos  una ARQUEOLOGÍA JUDÍA en Jaén, aunque por ahora nos queda todavía un largo camino por recorrer en este campo, y a nosotros nos quedan aún muchas historias por descubrir y contar de la vida de los judíos en nuestra ciudad.

 

BIBLIOGRAFÍA

CÁMARA, R. (2007): “Indicios de una posible sinagoga. La iglesia de San Andrés de Jaén” Revista de la Cultura Judía Raíces, nº 70, Sefarad Editores, pp.26-31

CASTILLO, J.C.; CASTILLO, J.L. (1992): “Nuevos datos sobre el urbanismo del Jaén islámico. Las criptas de la Iglesia de S. Juan (Jaén)” Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, Vol. XL-XLI, Granada, pp. 49-65

CORONAS, L. (2003): Judíos y judeoconversos en el Reino de Jaén. Jaén

CORONAS, L. (2008): Los judíos en Jaén. Jaén

NAVARRO, M.; BARBA, V.; ALCALÁ, F.; ARIAS, F. (2004): “Intervención arqueológica en la Puerta de Baeza. Nuevas aportaciones al sistema fortificado de la ciudad de Jaén” Arqueología y Territorio Medieval, nº 11.2, Jaén, pp.133-150 

PÉREZ, Mª.C.; JIMÉNEZ, Y.; CANO, J. (1995): “Apuntes para el urbanismo musulmán de Jaén: el alminar en la intervención de Martínez Molina-Los Caños” Arqueología y Territorio Medieval, nº 2, Jaén, pp.115-127 

PORRAS, P.A. (1993): Comercio, banca y judeoconversos en Jaén. 1475-1540. Jaén

SALVATIERRA, V.; CASTILLO, J.C.; CASTILLO, J.L. (1993): El Baño del Naranjo y la formación del edificio Los Caños, Jaén

SALVATIERRA, V. (2003): “La judería de Jaén. Introducción a su análisis histórico” Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, nº185, Jaén, pp.421-458

[1] Cano Castillo, J y Serrano Peña, J.L.: Memoria preliminar de la 1ª fase de sondeos en el APAIII San Andrés de Jaén, 2004. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

[2] Relación de los hechos del muy magnífico e más virtuoso señor, el señor don Miguel Lucas, muy digno Condestable de Castilla. Cuevas Mara, J; del Arco, J y del Arco J (Eds), Jaén 2001. 

 

[3] Navarro Pérez, M y Barba Colmenero, V: Memoria de la Intervención Arqueológica en la Plaza de San Juan, 2003. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

[4] Montilla Torres, I; Navarro Pérez, M y Barba Colmenero, V: Memoria de la Intervención Arqueológica en la Plaza de los Caños y Calle Arroyo de San Pedro de Jaén, 2005. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

[5] Alcalá Lirio, F; Barba Colmenero, V y Navarro Pérez, M.: Memoria de la Intervención Arqueológica en el solar de la calle Santa Cruz-Rostro de Jaén, 2004. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

[6] Cano Castillo, J y Serrano Peña, J.L.: Memoria preliminar de la 1ª fase de sondeos en el APAIII San Andrés de Jaén, 2004. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

Cano Castillo, J y Serrano Peña, J.L.: Campaña de sondeos de 2005 en el APAIII San Andrés Jaén, 2005. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

Moya García, S.: Memoria Preliminar de la actuación arqueológica en el APAIII San Andrés de Jaén, 2007. Archivo de la Delegación Provincial de Cultura de Jaén.

 

PRIMEROS SÍMBOLOS CRISTIANOS DOCUMENTADOS EN LA CIUDAD DE JAÉN. INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA EN LA CALLE BOBADILLA BAJA, Nº 3 DE JAÉN

El solar se encuentra situado dentro del casco histórico de la ciudad de Jaén, en el barrio de la Magdalena y junto a la emblemática parroquia del mismo nombre. Ubicado al inicio de la Calle Bobadilla Baja, donde se aprecian una serie de calles muy escarpadas que ascienden hacia el propio cerro de Santa Catalina, o mejor dicho formando parte del propio monte, al que el caserío se ha ido adaptando durante siglos. Esta intervención arqueológica que ha sido llevada a cabo por la empresa ARQ13 Estudio de Arqueología S.L., en el marco de actuaciones del Plan-Urban del  Excmo. Ayuntamiento de Jaén.

DESCRIPCIÓN DE LAS FASES DETECTADAS EN EL SOLAR

ETAPA TARDORROMANA

Se trata de la fase más significativa documentada en la intervención, ya que el lugar se encuentra ocupado por dos áreas de actividad muy distintas:

-Una dedicada al almacenaje, la cual se localiza en un escalón o pequeña meseta artificial realizada en la escarpada topografía del cerro, y sobre la cual se han documentado 10 silos subterráneos excavados en la base geológica. Esta zona queda delimitada en la parte suroeste por un canal también excavado, realizado para drenar y evacuar la humedad del área o evitar posibles inundaciones de los silos destinados sin duda al almacenamiento de alimentos.

-Por otro lado, nos encontramos con un área de enterramiento, de la que sólo se han documentado dos tumbas, una de ellas muy arrasada. Son estructuras excavadas en roca y delimitadas por un zócalo de ladrillo. Su cubierta parece ser un túmulo de argamasa blanquecina. Su orientación y posición de los cadáveres presenta un rito ya cristiano. Este aspecto unido a la aparición de una lucerna decorada con un crismón en uno de los silos, nos atestigua que nos encontramos ante las primeras comunidades cristianas de la ciudad de Jaén en el siglo V-VI. Es lógico pensar que dos áreas funcionales tan diferentes, no pueden estar en un mismo espacio, aunque éstas sean de gran importancia para la comunidad. El lugar dedicado al enterramiento es un lugar sagrado, donde los ritos y las creencias tienen su máxima expresión. Opuestamente, el lugar de almacenamiento es la lucha por la vida, por la supervivencia.

Dada la extensión que ocupa la zona y la gran concentración de estructuras de almacenaje, nos hace suponer que no se corresponde con un fenómeno privado o particular, ya que en esta fase la ciudad de Jaén, así como en otras, es un momento de crisis, por lo que nos inclinamos en pensar que se trata de una zona comunitaria.

En la zona de enterramiento, por ahora es difícil hablar de necrópolis propiamente dicha, ya que solamente se han documentado dos tumbas pese a que se ha excavado prácticamente la totalidad del solar. Como conocemos, en esta fase se han localizado diversas zonas de enterramientos dispersos por distintas zonas de la ciudad. No sabemos si esto responde a una crisis en la articulación urbana, tal y como se viene apuntando, o si por lo contrario estamos ante un fenómeno hasta ahora no demostrado de nueva percepción urbana.

 

ETAPA MEDIEVAL ISLÁMICA 

El área que había estado destinada al almacenaje, ahora se corresponde con un área dedicada al hábitat, lugar donde se encontraría un huerto o jardín y donde se han localizado diversas fosas vertedero, algunas de ellas reaprovechando estructuras de la fase anterior. Dentro de esta etapa, la fase más significativa, la encontramos entre los siglos X-XI. El material documentado nos indica que en estos siglos la ocupación de la zona será muy intensa. Nos encontramos muy cerca de lo que sería el centro neurálgico de la medina islámica, donde como hemos podido documentar localizaríamos amplios espacios dedicados a huertos o jardines.

ETAPA MEDIEVAL CRISTIANA

Una vez realizada la conquista de Jaén por los castellanos, se ocupa la zona, reaprovechan la vivienda tardo-islámica y sus habitantes realizan pequeñas modificaciones y reformas en ella.  Por lo demás, no hay cambios profundos, ni momento de abandono.

ETAPA MODERNA

En esta etapa documentamos que la fisonomía del solar cambia profundamente. Se construye una vivienda aprovechando la parte baja del terreno y con menos pendiente, de ella se ha podido documentar un sótano con pasillo de acceso abovedado, realizada con una bóveda de cañón de ladrillo. Parece ser que esta vivienda podría corresponderse en parte con la del personaje Don Francisco de Bobadilla llamado el Corregidor de Jaén y Córdoba, de la que hablan las fuentes y que posteriormente daría nombre a la calle. Ésta estaría compuesta por una casa y un gran huerto, que con el tiempo se ha ido segregando, y algunos de los cuales han pervivido hasta mediados del siglo XX.

ÉPOCA CONTEMPORÁNEA 

Por último la fase contemporánea, se corresponde con una vivienda que, en parte, reproduce el espacio ocupado por la vivienda de época moderna, incluso conserva el huerto, añadiéndole elementos como una pequeña piscina, cobertizos y un refugio antiaéreo, ya descrito anteriormente.

 

Como conclusiones podemos decir que de época romana no se conocen exactamente los límites precisos de la ciudad, aunque debería ser de pequeñas dimensiones. Su límite en la parte occidental estaría junto al Hospital de San Juan de Dios, área de posible localización de unas termas del siglo I y un acueducto que recogería el agua de la Fuente de la Magdalena para llevarlas a las huertas (Pérez, Alcázar. 1993). Por lo tanto, y según todos los indicios podríamos encontrarnos dentro de la ciudad romana, aunque con toda probabilidad muy cerca de la muralla y por tanto próximos a su límite.  El área documentada en el solar y dedicada al almacenaje nos indica que nos encontramos ante un lugar que debería estar protegido, teniendo en cuenta que las estructuras documentadas pertenecen ya a una época muy tardía, siglos V-VI, momento de recesión urbano, o como se viene denominando “crisis municipal”. Las ciudades habían sufrido un fuerte proceso de ruralización y su  población dependía casi exclusivamente de la producción agraria. Durante estos dos siglos se produjeron varias rachas de sequías y plagas, en el 641 se cumplían siete años de sequía prolongada que trajo consigo una plaga de peste bubónica, en el 584 una plaga de langosta que se repitió durante los años siguientes (Argente del Castillo,1982). 

El proceso de crisis también se observa en el material encontrado, que a excepción de una lucerna con decoración, el resto de cerámica correspondiente a este momento, es cerámica muy tosca y poco variada, sin apenas decoración, a mano o torneta. Se trata fundamentalmente de ollas para la colocación en el fuego, y no se detecta apenas vajilla de mesa.

Con la ocupación islámica de la ciudad, este espacio quedaría incluido dentro de la madina, muy cerca de una de las mezquitas más importantes, la actual iglesia de la Magdalena y de manantial de la Fuente de la Magdalena. No obstante, nos encontramos en una zona escarpada que no forma parte de la terraza donde se concentrarían los edificios más significativos. Pero el espacio está ocupado por una vivienda con un extenso jardín o huerto. Lo que viene a corroborar a las fuentes que hablan de “huertos junto al cuerpo de viviendas” (Pérez Miñano, 2003).

Carmen Pérez Miñano indica que en esta zona se sitúa el Albaycinejo o barrio escarpado. Barrio como tal no se ha identificado, si tomamos este término como acumulación de viviendas abigarradas. También es recogido por S. Lázaro Damas que apunta que “Gracias a  las escrituras públicas hemos podido datar la existencia de un pequeño barrio en la parte más alta de la collación de la Magadalena “do dizen el albaycinejo” lindando con las peñas”, (Lázaro Damas. Mª S. 1988).

En época medieval cristiana y moderna la collación de la Magdalena tiene una elevada población con alto nivel económico, entre ellos hay que destacar al caballero Francisco de Bobadilla, al cual se debe el nombre de la calle según queda reflejado en el callejero de 1943,  y que con toda seguridad tenía en esta calle o en las cercanías su casa, aunque Manuel López Pérez lo pone en duda, aludiendo que “aunque anduvo  por Jaén en 1481 y del que se dice tuvo por aquí sus casas. Cosa poco probable, pues lo de calle Bobadilla parece ser corrupción de otro nombre anterior, el de Calle de la Bovedilla. Hubo aquí grandes corralones para estabular el ganado vacuno, algo que el Municipio quiso encubrir por estimarlo vulgar, denominando en 1862 como calle del Castillo.” (López Pérez, 2003).  No obstante no hemos encontrado en la intervención arqueológica indicios de esto último, pero sí parte de una vivienda, con un sótano o bodega de dicho momento cronológico.

Don Francisco de Bobadilla llamado el corregidor de Jaén y Córdoba, fue el primer señor de Pinos y Beas. Como capitán de los Reyes Católicos intervino en numerosas batallas y en la conquista de Granada, formado por gentes de armas de Jaén. Es conocido fundamentalmente por ser juez pesquisidor de la conducta de Cristóbal Colón en América en 1502, conduciéndolo encadenado desde América hasta la presencia de los Reyes. También indicar que asumió el gobierno de la isla de la Española.

Por último, cabe destacar que el devenir de este barrio fue hacia una profunda despoblación paulatina hasta llegar a su máximo declive en el siglo XVIII. Actualmente es una zona deprimida aunque populosa.

Estudio geométrico de piezas arqueológicas a partir de un modelo virtual 3D

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Este trabajo presenta una metodología para la realización de estudios geométricos de piezas arqueológicas de pequeño tamaño mediante un modelo virtual
tridimensional. Este modelo es obtenido mediante técnicas de captura con láser escáner, y permite obtener con gran precisión las medidas necesarias para el estudio de la pieza. La técnica aporta, entre otras ventajas, la oportunidad de realizar estas medidas en zonas no accesibles en un entorno real y elimina la consiguiente manipulación de la pieza, aspecto muy interesante para la conservación de la misma. La metodología propuesta se ha implementado en un caso real, un ídolo antropomorfo femenino de apenas 12 centímetros de altura, localizado en la Intervención Arqueológica de la Ciudad de la Justicia de Jaén. Los resultados obtenidos de las mediciones realizadas sobre el modelo de la pieza han permitido obtener importantes conclusiones.

LOS BAÑOS DE LA TROPA DE LA ALCAZABA DE ALMERÍA

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La intervención arqueológica llevada a cabo en el llamado “baño de la Tropa” de la alcazaba de Almería se inscribe dentro del marco más general de la recuperación del complejo palacial ubicado en el segundo recinto de esta fortaleza urbana, a través de aproximaciones arqueológicas, puesta en valor y difusión de los resultados. Sólo esta metodología, a pesar de sus dificultades y de su proceso necesariamente lento, garantiza una lectura renovada y rigurosa de los vestigios, maltratados por el tiempo y a menudo objetos de ideas preconcibas. El baño de la Tropa es un ejemplo, entre otros, de la complicada historia de los restos de la alcazaba y su estudio puede arrojar luz sobre las transformaciones que ha sufrido entre los siglos XI y XVI.

FOTOGRAMETRÍA DE BAJO COSTE PARA ESTUDIOS ARQUEOLÓGICOS DE LA ARQUITECTURA. APLICACIÓN A LA MURALLA ESTE DE LA FORTALEZA DE LA MOTA. ALCALÁ LA REAL (JAÉN)

Pérez García, Jose L.

Mozas Calvache, Antonio T.

Barba Colmenero, Vicente.

Fernández Ordóñez, Alberto.

http://www.mappinginteractivo.com/plantilla-ante.asp?id_articulo=1629

RESUMEN

La aplicación de técnicas fotogramétricas de bajo coste, basadas en la rectificación de fotografías sobre planos, como producto base para la realización de estudios de paramentos dentro de la disciplina de la arqueología de la arquitectura, presenta actualmente un importante interés. Fruto del mismo se han desarrollado numerosos trabajos de aplicación de estas técnicas en la mayor parte de los casos de forma individual. En el presente trabajo se presenta un nuevo punto de vista más global para este tipo de estudios, centrándonos en el aspecto fotogramétrico del mismo, pero sin descuidar su uso por otras disciplinas como la arqueología, cuyas necesidades marcarán considerablemente su metodología de implementación.

1.    INTRODUCCION Y ANTECEDENTES

En este documento se presenta la metodología seguida y los resultados obtenidos con la aplicación de técnicas fotogramétricas de bajo coste (cámara convencional y modelos proyectivos sobre planos) para el levantamiento y modelización de edificios históricos. Así mismo, se muestra la utilidad de este tipo de productos en estudios arqueológicos de del patrimonio, en los que la incorporación de una base fotográfica documental con carácter métrico supone una importante mejora con respecto a los planos y dibujos tradicionalmente utilizados.

En este punto, se presentará la disciplina de la arqueología de la arquitectura justificando la incorporación en estos estudios de documentación fotogramétrica de paramentos. Estos productos fotogramétricos facilitan los trabajos de interpretación paramental en gabinete, permitiendo el acceso a gran cantidad de información a partir de los modelos tridimensionales generados, lo que supone una gran ventaja a la hora de abordar este tipo de trabajos. Para este propósito, se analizará la utilización de técnicas fotogramétricas de bajo coste y suficiente precisión como base para la obtención de numerosos productos cartográficos que serán utilizados en estos estudios arqueológicos del patrimonio.

1.1.          Arqueología de la Arquitectura.

En los últimos años, se está desarrollando la disciplina que ha venido a llamarse Arqueología de la Arquitectura. Se trata de una corriente de la arqueología que se fundamenta en los estudios y las herramientas para analizar los edificios históricos, fundamentalmente como trabajos y estudios previos a una rehabilitación o restauración. Esta corriente se inicia en Italia en la década de los años 80 con estudios como los trabajos de Carandini (1991), que desarrollan el concepto de pluriestratificación, superando la metodología Harris, entendida como un sistema de excavación extensiva y documentación mediante la identificación y caracterización de las diferentes unidades estratigráficas y de sus relaciones. De esta forma nace la llamada arqueología del monumento, entendiendo a los edificios como documentos históricos de carácter arqueológico. En este sentido, cabe destacar más recientemente en Italia, los trabajos de Brogiolo (1996).

En nuestro país, no será hasta la década de los 90 cuando empecemos a encontrar estudios que analicen los edificios desde el punto de vista de la arqueología y de la lectura estratigráfica. En la actualidad esta corriente se encuentra muy desarrollada y existen múltiples grupos de investigación que han centrado su trayectoria en ampliar la arqueología de la arquitectura, entre los que destacan los grupos de investigadores como los formado por el Dr. Luis Caballero en el CSIC (Caballero y Fernández, 1997), en Vitoria encontramos al Dr. Agustín Azkarate en la Universidad del País Vasco (UPV, 2002-2005) con los estudios de la catedral de Vitoria (Azkarate, 2001); y en el ámbito andaluz encontramos al Dr. Miguel Ángel Tabales de la Universidad de Sevilla (Tabales, 1998).

Como paso previo para un análisis de un edificio histórico, se hace necesario un análisis completo del mismo, para lo cual hay que crear unas herramientas metodológicas que impliquen un acercamiento total al bien cultural que se pretende estudiar. Cada edificio requerirá de unas pautas determinadas a seguir, que sin duda pasa por conjugar unos presupuestos metodológicos donde en la mayor parte de los casos se requieren la coordinación de equipos interdisciplinares (arquitectos, ingenieros en topografía, biólogos, restauradores, arqueólogos, historiadores de arte, documentalistas…). En el caso que nos ocupa, el análisis de los lienzos de la muralla este de la Fortaleza de La Mota, el equipo ha estado formado por arqueólogos, ingenieros en topografía, ingenieros en geodesia y cartografía, arquitectos y documentalistas.

La normalización de estos estudios en edificios históricos, ha pasado a tener una regularización formal y normativa. En la legislación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía encontramos que como paso previo a la rehabilitación, construcción o restauración sobre un edificio catalogado, se requiere un estudio pormenorizado y se ha establecido un protocolo de actuación reglado como parte de todos los estudios previos al otorgamiento de licencias de obra. De esta forma, se establece en dicho protocolo el método a intervenir y los parámetros de documentación necesarios para un correcto sistema de análisis.

Una de las primeras cuestiones que hay que abordar en el análisis de edificios históricos, es la documentación gráfica imprescindible para el estudio completo. De esta forma, los alzados de paramentos, las plantas de lecturas, los dibujos a escala de detalles, así como la topografía del lugar; forman la primera escala de acercamiento al inmueble.

Dentro de esta documentación destacan los estudios fotogramétricos. Estos estudios están jugando un papel primordial en el análisis de los edificios, ya que suponen una herramienta indispensable a la hora del análisis visual y estratigráfico de cada elemento. Con el avance de estas técnicas en edificios complejos, se están obteniendo lecturas estratigráficas completas de inmuebles a escala real. Por tanto, estas técnicas, suponen un acercamiento esencial a la hora de comenzar con el primer análisis del bien inmueble.

1.2.          Utilización de técnicas fotogramétricas como base documental.

Las técnicas de documentación utilizadas dentro de la arqueología de la arquitectura se apoyan cada vez más en disciplinas técnicas como la ingeniería topográfica, cartográfica y fotogramétrica que generan representaciones fidedignas del terreno para dichos estudios. La utilización de nuevas tecnologías e instrumentación fotogramétrica y topográfica está impulsando la participación de estas disciplinas como base de apoyo documental para los estudios arqueológicos previamente citados. Ejemplo de este impulso tecnológico son las cámaras fotográficas digitales de alta resolución o instrumental topográfico con medida directa sobre el objeto. Los productos obtenidos con estas técnicas pueden ser utilizados en la realización de diferentes trabajos previos a la restauración o documentación del patrimonio histórico, tales como la realización de estudios estratigráficos de los paramentos, el análisis del estado actual de la edificación objeto de estudio, así como para el diseño del proyecto de rehabilitación o restauración más adecuado. Otra ventaja añadida de estas técnicas es su bajo coste debido a la utilización de instrumentos más económicos (cámaras fotográficas convencionales, estación total con medida a sólido), la reducción del apoyo en campo o la utilización de modelos más sencillos que en los casos de fotogrametría estéreo convencional o láser escáner 3D.

Desde que aparece la necesidad de representar la realidad mediante un documento gráfico, muchas y diferentes han sido las metodologías e instrumentos utilizados. Algunas de ellas permitían simplemente obtener una representación grafica de la misma, sin tener en cuenta el carácter métrico de esta. En este grupo podríamos incluir la realización de dibujos artísticos, toma de fotografías o captura de escenas mediante video. Estos documentos, aun cuando pueden representar de una manera muy realista la escena, tienen el inconveniente del carácter no métrico del mismo por lo que en la mayoría de los casos no se pueden utilizar para extraer la información necesaria (medida de distancias, superficies, etc.). En un segundo grupo se encuentran las diferentes técnicas de dibujo técnico a escala, ya sea utilizando instrumental topográfico como el dibujo sobre papel milimetrado apoyado con medidas reales sobre el objeto. Estos documentos, aun cuando permiten la extracción de información métrica del objeto tienen el inconveniente, por un lado, de la subjetividad y experiencia del operador (dos operadores diferentes obtendrán representaciones diferentes de la misma realidad) así como de la edición de los datos obtenidos en campo. Por ello, es necesaria la obtención de otro tipo de documentos que posean, en la medida de lo posible, un carácter métrico y un grado coherente de objetividad en la representación de la realidad (Mozas y Pérez, 2008).

Las técnicas fotogramétricas permiten dotar de un carácter métrico a las diferentes tomas fotográficas que se puedan realizar sobre el objeto. Para ello se utilizan procedimientos de rectificación, ortorectificación y obtención de proyecciones de diferente índole (Hanke y Grussenmeyer, 2002). Dentro de estas técnicas destaca por su reducido coste la rectificación de fotografías mediante una transformación proyectiva. Este proceso de rectificación consiste en la corrección de la fotografía realizada, o parte de ella, de la distorsión provocada por la perspectiva cónica fotográfica. La rectificación  permite pasar de un plano existente en la realidad, al correspondiente plano proyectado por el proceso fotográfico y viceversa, relacionando las coordenadas espaciales pertenecientes al plano existente con sus coordenadas fotográficas correspondientes. Entre las ventajas de la utilización de esta técnica destaca además de su coste, la minimización del número de puntos de control en campo, y entre sus inconvenientes las restricciones en profundidad en cuanto a la necesidad de que el objeto sea lo más plano posible y la necesidad de un cierto espacio de trabajo para la obtención de las tomas fotográficas.

Cada vez son más los trabajos publicados tanto a nivel nacional (Sánchez et al., 2007; Mozas y Pérez, 2008), como internacional (Mata et al. 2004, Cardenal et al. 2005) realizados en España,  que utilizan estas técnicas  para obtener productos con un enfoque de carácter profesional, investigador o puramente promocional o turístico.

En este documento se presenta una propuesta metodológica multidisciplinar que engloba desde la definición y planificación de los trabajos topográficos y fotogramétricos, pasando por la obtención de los productos fotogramétricos necesarios y el análisis estratigráfico final de los paramentos. Dentro de este enfoque multidisciplinar, destaca la continua labor de coordinación y planificación de los trabajos de todos los profesionales participantes. Esta descripción metodológica vendrá acompañada de los resultados de su aplicación a un caso real, en concreto a la muralla este de la fortaleza de la Mota en Alcalá la Real (Jaén).

2.    APLICACIÓN A LA MURALLA ESTE DE LA FORTALEZA DE LA MOTA. ALCALÁ LA REAL (JAÉN).

2.1.          La fortaleza de la Mota.

La fortaleza de La Mota (Figura 1) se emplaza sobre un elevado cerro amesetado con un sistema complejo de murallas y estructuras defensivas que confieren a Alcalá la Real como uno de los más importantes bastiones militares de la Alta Andalucía durante la Edad Media.

Los orígenes de Alcalá la Real son confusos, muchos autores apuntan a una fortaleza primitiva de época Emiral (siglo VIII-IX), aunque no existen suficientes datos arqueológicos como para poder afirmarlo.

En la actualidad, sobre la meseta, se han localizado restos arqueológicos de varios aljibes, lienzos de muros y pavimentos, así como algunas estructuras que actualmente se pueden contemplar en el interior de la Abadía.

En época islámica se desarrolla la trama urbana hasta ocupar toda la meseta. Durante los siglos XIII y XIV, Alcalá fue sucesivamente conquistada por tropas musulmanes y castellanas. La toma definitiva de la fortaleza fue en el año 1341 por Alfonso XI, pasándola a llamarla Alcalá la Real. Quedaba de esta forma configurada la frontera nazarí con Alcalá la Real a la cabeza del reino cristiano. Así pues, la vida de la población estuvo durante varios siglos supeditada al carácter fronterizo de su fortaleza, dedicando buena parte de sus actividades a la defensa de la frontera y al mantenimiento de su gran recinto amurallado.

Durante la dominación cristina la configuración de la fortaleza cambio considerablemente ya que se ampliaron numerosamente las estructuras defensivas y se crea una Abadía de Patronato Real que otorgó importantes privilegios a la ciudad.

Después de la definitiva toma de Granada y la expulsión de los musulmanes de la península en 1492, Alcalá la Real iniciará una etapa de tranquilidad que permitió que la población empezara a expandirse más allá del recinto amurallado, creándose los números arrabales circundantes a la Mota.

Durante el siglo XVIII se produce el abandono definitivo del cerro de la Mota hasta que en el siglo XIX es de nuevo ocupada por las tropas francesas durante la guerra de la independencia, incendiándola a su retirada el ejército napoleónico el 15 de septiembre de 1812.

En este entorno se afronta un estudio completo de los paramentos de las murallas de la zona este del recinto, previo a su futura restauración (ver figura 2). La longitud total de las murallas objeto de estudio supera los 350 metros. Dentro de este proyecto se consideró conveniente la aplicación de métodos y técnicas fotogramétricas con varios objetivos:

  • Obtener una representación fidedigna de la situación actual de los lienzos de muralla.
  • Documentar dichos lienzos como situación previa a la restauración.
  • Facilitar la lectura estratigráfica de los distintos lienzos aprovechando las características métricas propias del producto fotogramétrico.
  • Minimizar el trabajo de campo dándole mayor peso al trabajo de gabinete.

 

Con estas premisas se aborda en el siguiente apartado la descripción de la metodología y los resultados de su aplicación a la construcción objeto de estudio.

3.    METODOLOGÍA Y RESULTADOS

3.1.          Esquema general.

El análisis del método propuesto se realiza en función del orden lógico de planteamiento de las diversas fases y procedimientos. Inicialmente se realiza una fase de estudio, planificación y coordinación de los distintos profesionales y disciplinas que intervienen, para pasar a un gran bloque destinado a la obtención de la documentación fotogramétrica requerida, a cuya finalización sigue una fase de digitalización, obtención de perfiles, secciones para concluir con otro gran bloque en el que se plantea la realización de las lecturas estratigráficas y los análisis estructurales a partir de los productos previamente generados. El esquema básico de la metodología se presenta en la figura 3.

3.2.          Fase previa o de planificación.

Un proyecto de esta envergadura conlleva una fase inicial de planificación de todos los trabajos y tareas del mismo. En esta fase, se establecen los procedimientos a realizar por cada grupo de profesionales coordinando todas las fases del trabajo. Es el momento de establecer las necesidades de cada grupo, los productos que unos demandan de los otros y programar la duración de cada proceso, teniendo en cuenta aquellas fases que pueden resultar críticas para el proyecto en su conjunto. La coordinación entre este equipo multidisciplinar se realizará a lo largo de todo el proyecto, aunque resulta conveniente establecer inicialmente todos los aspectos fundamentales del mismo para que cada equipo pueda trabajar de forma autónoma sin que esto conlleve un desarrollo caótico. Conviene, por tanto, realizar una detallada planificación y programación de las tareas, establecer los principales objetivos y describir detalladamente los productos finales de cada fase, ya que los resultados de  unos puede ser el punto de partida para otros.

3.3.          Trabajos topográficos y fotogramétricos.

 

Los trabajos topográficos y fotogramétricos suponen la primera parte del proyecto. En esta fase se pretende obtener un modelo tridimensional del objeto de estudio, de forma que no sea necesaria tenerlo ínsito para los estudios de otras disciplinas. Este proceso facilita el trabajo en gabinete de los otros profesionales, la documentación del objeto y la conservación del mismo.

  • Fase de planificación.

La fase de topografía y fotogrametría comienza con la planificación de los trabajos, tanto en campo como en gabinete. El aspecto topográfico de este tipo de proyectos supone una base fundamental para el estudio fotogramétrico. Debe tenerse en cuenta que este tipo de estudios se realiza sobre edificios o murallas que habitualmente tienen una compleja geometría, por lo que la topografía no debe limitarse a la toma de datos o puntos de control para orientar y proyectar las tomas fotográficas, sino que debe formar un armazón que abarque todo el espacio objeto de estudio. En este sentido, resulta conveniente en esta fase inicial planificar correctamente una red de apoyo topográfico que permita la obtención de suficientes puntos para:

–        La definición de la estructura básica de lienzos, paredes, bóvedas, etc.

–        Toma de los puntos de control necesarios para orientar y proyectar las fotografías.

–        La definición de un sistema de referencia común y estable para los trabajos presentes y futuros sobre el inmueble.

Esta fase de planificación deberá tener en cuenta el número y situación de las tomas fotográficas, teniendo en cuenta numerosos aspectos como:

–        Formato y resolución de cámara.

–        Objetivo de la cámara y sus distorsiones.

–        Ubicación y orientación de los lienzos para analizar el horario más adecuado para la realización de las tomas fotográficas.

–        Presencia de obstáculos y zonas ocultas para la correcta planificación de la posición y orientación de los disparos para asegurar una completa cobertura del objeto.

Todas estas variables serán analizadas individualmente y en conjunto con anterioridad al comienzo de los trabajos de campo.

  • Toma de datos.

Una vez planificados todos los trabajos se realizará la materialización, observación, cálculo y compensación de una o varias redes topográficas de apoyo. La elección del tipo de red dependerá del proyecto y de la precisión requerida tanto para la rectificación fotográfica como para el ensamblaje del modelo fotográfico completo. En la figura 4 se pueden observar las diversas redes topográficas implementadas y las bases que las componen y que han sido utilizadas en las diversas fases de este proyecto.

Dentro de los trabajos fotográficos de campo se incluye la toma, verificación y obtención de las fotografías necesarias para cubrir todo el objeto. Es evidente que esta fase es decisiva dentro del proyecto, ya que se debe garantizar que todos los lienzos sean cubiertos completamente, evitando, siempre que sea posible, los diferentes obstáculos que pudieran existir. En la figura 5 se puede observar las diferentes fotografías correspondientes a uno de los lienzos donde finalmente se han eliminado los árboles existentes. Sin embargo, hay que tener en cuenta también que se ha de minimizar el número de fotografías a utilizar, ya que estas incrementarán el número de puntos de apoyo necesarios. Una técnica interesante que se debe de tener en cuenta en este tipo de trabajos es la de utilizar las zonas comunes o de solape para situar los puntos de control topográfico y minimizar de esta manera el número de éstos, ya que se aprovecha el mismo punto para orientar y proyectar las fotografías que lo contienen. La elección de la situación de estos puntos tendrá en cuenta las siguientes cuestiones:

  • El número de puntos deberá ser el adecuado, un mínimo de 3 ó 4 según se quiera orientar o rectificar la imagen. Si se quiere tener valor de la calidad del proceso se necesitará un número mayor.
  • Los puntos han de estar bien distribuidos por la superficie fotográfica, así como por el plano a definir, nunca  alineados.
  • Los puntos serán localizables e identificables en todas las fotografías.
  • Estos puntos junto con los que definirán la estructura serán utilizados para definir el plano del paramento.

 

Una vez revisadas todas las tomas según lo anteriormente expuesto, y seleccionadas las zonas donde colocar los puntos de apoyo, se procede a la toma topográfica de estos puntos. Para ello, se realiza una radiación topográfica mediante medida a sólido desde las bases de la red de apoyo previamente observada y calculada.

  • Obtención de lienzos rectificados.

La siguiente fase comprenderá la rectificación de las fotografías y la generación del mosaico correspondiente a cada uno de los lienzos estudiados. Para ello se sigue la metodología planteada en Mozas y Pérez (2008), consistente en los siguientes apartados:

–        Obtención del plano correspondiente al lienzo estudiado mediante el ajuste mínimo cuadrático de los puntos que lo definen.

–        Obtención de las coordenadas proyectadas de los puntos de apoyo.

–        Medida de los puntos de apoyo en los fotogramas.

–        Rectificación proyectiva de cada una de las imágenes utilizadas.

–        Obtención del mosaico de imágenes rectificadas.

En la figura 5 se pueden observar las imágenes originales de este proceso junto el mosaico final.

3.4.          Obtención de productos.

 

Con esta fase finaliza el trabajo topográfico y fotogramétrico, alcanzándose una etapa de obtención de productos. En ésta se realizarán planos que incluyen la digitalización de los lienzos a partir de las fotografías a escala del objeto, se obtendrán alzados de los mismos, y numerosas secciones, cortes o modelos virtuales de zonas de especial interés (Figuras 6 y 7). Partiendo de todos los puntos disponibles capturados en la fase de definición de la estructura y en la obtención de puntos de apoyo fotogramétrico, se genera un modelo tridimensional del mismo que servirá de esqueleto base para la posterior inclusión de las texturas provenientes de los mosaicos fotográficos (Figura 7). En definitiva, se contará con un modelo tridimensional de la estructura con texturas reales de la misma.

3.5.          Preparación de productos para estudios posteriores

Esta parte será afrontada conjuntamente por los ingenieros, arquitectos y arqueólogos, siendo este aspecto especialmente relevante en esta metodología. El estudio conjunto se debe a varios circunstancias importantes:

–        Cada disciplina requiere de un producto cartográfico particular para su metodología de trabajo.

–        Trabajos como la digitalización sobre las fotografías rectificadas deben ser realizados por expertos en el análisis de paramentos.

–        El gran volumen de información disponible permite la definición de múltiples secciones o cortes, lo que implica a todos los profesionales en la definición de las mismas.

Por esta razón, se parte de los productos genéricos obtenidos, tales como el modelo tridimensional de la muralla o alzados de lienzos individuales correspondientes a tramos planos, para obtener o adaptar otros subproductos como secciones,  perfiles, montajes de tramos de muralla (compuestos por varios lienzos planos) de manera que cada una de las disciplinas implicadas en este proyecto puedan desarrollar sus análisis de la manera más cómoda y efectiva.

3.6.          Estudio de paramentos

La arqueología de la arquitectura está claramente vinculada con la arqueología urbana, y en los últimos años ha alcanzado un gran avance en lo referente a técnicas de análisis y en la aplicación de métodos específicos para el conocimiento profundo de edificios históricos. Los estudios paramentales son la base del desarrollo de la disciplina, ya que la “lectura paramental” es la materia prima del conocimiento del  inmueble. En las trazas, las huellas, los vanos, los motivos artísticos y decorativos, las tipologías, los materiales, etc, se encierran las claves para entender la evolución de un edificio, su configuración, cómo fue su origen y cómo se nos muestra. Los arqueólogos cuando nos acercamos a una evidencia constructiva debemos de descifrar el significado primario del hecho constructivo, para ello se utiliza un registro documental (sistema de registro arqueológico paramental).

Con el análisis de los paramentos se descifra de forma coherente cada parte del edificio, su configurado diacrónica y sincrónicamente. El análisis estructural consiste en la lectura estratigráfica de los alzados del edificio tanto de los distintos paramentos principales como de los paramentos secundarios, los adyacentes y los subyacentes que puedan documentarse bajo sedimentos estratigráficos. La interpretación de los hechos o evidencias paramentales requieren ante todo unos mínimos conocimientos de estratigrafía muraria, de conceptos y conocimientos arquitectónicos y principalmente de lógica.

El análisis estratigráfico constituye la fase fundamental del trabajo, ya que permite establecer una secuencia general de la evolución constructiva del lienzo de muralla de la fortaleza, restituyendo la configuración que tuvo a lo largo de su historia.

Se entiende por Unidad Estratigráfica Construida (UEC) la acción mínima identificable, o que se ha querido identificar, englobando tanto los estratos horizontales como los verticales. Estos últimos presentan sus propias características puesto que, generalmente, son compactos y tienen en sus lados bordes expuestos que no interrumpen una original continuidad al ser superficies originales del estrato. Su volumen difícilmente puede ser homogéneo dada la distribución diferenciada de sus componentes entre cimentaciones y alzado, núcleo y paramento, adorno, etc.  En este sentido, se debe señalar que en este análisis se ha considerado como una sola unidad estratigráfica a cualquier acción guiada por una única voluntad constructiva.

Al mismo tiempo se presta especial atención a las soluciones de continuidad o interfacies negativas (rupturas, cortes, demoliciones,…) puesto que se hallan repletas de información y tienen una validez por sí mismas ya que al mantener relaciones estratigráficas propias que nada tienen que ver con las de los estratos que las delimitan. En este sentido, se confieren como unidades estratigráficas negativas que se han reconocido, numerado y documentado de manera idéntica a como lo se hizo con las positivas (UEC).

El estudio de todas las unidades estratigráficas y de sus relaciones permite la comprensión de la evolución constructiva del edificio. Por tanto, el siguiente paso a realizar es la elaboración de un diagrama estratigráfico (matrix Harris), a modo de representación simbólica de cada una de las acciones encuadradas en los diferentes momentos constructivos del edificio. Las relaciones sincrónicas se sitúan en escalones horizontales y las diacrónicas en vertical, de abajo hacia arriba, siendo éstas las más recientes en el tiempo.

4.    CONCLUSIONES.

 

En este trabajo se ha presentado una metodología para la realización de estudios arqueológicos de la arquitectura basados en documentación de carácter métrico obtenida a partir de imágenes fotogramétricas. Esta metodología, que engloba varias disciplinas y profesionales, permite la obtención de un modelo tridimensional de edificios históricos que sirve de génesis a numerosos productos técnicos (planos, alzados, secciones, etc.) que se utilizan para la realización de los estudios arqueológicos de paramentos, para la documentación con base fotográfica del patrimonio y como base para proyectos arquitectónicos de restauración y rehabilitación. En este contexto, los productos fotogramétricos y cartográficos suponen una importante mejora para los trabajos arqueológicos y arquitectónicos posteriores, ya que minimizan el trabajo de campo al producir representaciones fidedignas del objeto estudiado.

Dentro de las técnicas fotogramétricas y teniendo en cuenta las precisiones requeridas para este tipo de trabajos, se ha optado por técnicas de bajo coste, debido a una importante reducción del esfuerzo en todas las fases de los trabajos (campo y gabinete). Éstas basan su rentabilidad en la combinación de instrumental más económico y de técnicas fotogramétricas, como la rectificación proyectiva sobre planos, que minimizan los trabajos de campo. Sin embargo, esta rectificación proyectiva presenta algunas restricciones que limita las características geométricas del objeto a estudiar. La más importante de estas limitaciones es la necesidad de que el objeto sea lo más plano posible, lo que hace de esta técnica sea conveniente en estudios de edificios históricos, donde abundan este tipo de paramentos planos.

El proyecto presentado como aplicación de esta metodología constituye un importante estudio combinado en el que se han completado más de 350 metros de lienzos de muralla en el recinto de La Mota en Alcalá la Real (Jaén). Este importante volumen de trabajo demuestra la viabilidad de la metodología presentada tanto para la realización de estudios de paramentos como para la documentación del patrimonio.

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Ciudad de la Justicia de Jaén

CIUDAD DE LA JUSTICIA de Jaén. Excavaciones arqueológicas

Ciudad de la Justicia de JaénDESCARGAR PUBLICACIÓN COMPLETA

La historia es la siempre incompleta
y problemática reconstrucción de aquello que ya no existe.
La memoria pertenece siempre a nuestra época
y constituye un lazo viviente con el presente eterno;
la historia, en cambio, es una representación del pasado.
P. Nora “Les lieux de la memoria” vol I, La República, París 1984.

Descubrir nuestra memoria enterrada nos produce una sensación de desconcierto, cuanto más conocemos sobre nuestros antecesores más conciencia de nosotros mismos tenemos, de nuestro mundo aparente, nuestra existencia encerrada en un instante, nuestro tiempo… y cuando descubrimos un hecho pasado y remoto, ya sea una enseñanza en forma de recuerdo o de la lectura de un objeto encapsulado en un contexto, nuestra memoria se ancla en el tiempo y nos convertimos en viajeros del pasado.

El legado material del pasado es la materia prima sobre la que trabajan los arqueólogos entre otros profesionales. La actividad de los arqueólogos tiene en general una gran aceptación, y en la ciudad de Jaén nos hemos acostumbrado a escuchar noticias de hallazgos y descubrimientos. La excavación arqueológica de la Ciudad de la Justicia de Jaén ha ayudado en gran medida a ello. Desde que comenzara la intervención arqueológica, en este enorme solar de más de 13.000 m2, allá por el año 2007, algo ha cambiado en nuestra pequeña ciudad. Miles de metros cúbicos se han desenterrado, un año completo de trabajo de más de cincuenta profesionales de la historia (arqueólogos, operarios, restauradores, forenses, maquinistas, geólogos, topógrafos, fotógrafos…). Todo el mundo ha escuchado hablar de la Ciudad de la Justicia, de los arqueólogos, de sus hallazgos, de las visitas que se hicieron, del peso del tiempo allí encerrado, de miles de historias…

En este libro los resultados que presentamos son una pequeña muestra de cómo ha cambiado nuestra forma de acercarnos a la arqueológica, de cómo entendemos el mundo que nos rodea y nos rodeaba hace milenios, mismos lugares, otras gentes, tiempos distintos, y un hilo conductor: nuestro reconocimiento que somos parte de todo aquello que sucedió y ahora se nos acerca para que lo hagamos nuestro. Aquí y ahora tenemos la oportunidad de descubrir algo realmente sorprendente, en uno de los bordes de la ciudad de Jaén, en la zona conocida como Expansión Norte, o zona de Renfe, o como nos gusta llamarla a nosotros los arqueólogos: la Zona Arqueológica de Marroquíes Bajos (Z.A.M.B.).

Vicente Barba Colmenero
ARQ13 Estudio de Arqueología

PERSPECTIVAS PARA LA CREACIÓN DE NUEVOS ESPACIOS MUSEALIZADOS EN LUGARES PÚBLICOS DE LOS CASCOS HISTÓRICOS.

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III CONGRESO INTERNACIONAL SOBRE MUSEALIZACIÓN DE YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS.
Ejemplos de plaza de los Huérfanos y plaza Puerta de Martos en la ciudad de Jaén, Andalucía.

Autores: Vicente Barba Colmenero*, Francisca Alcalá Lirio*, Mercedes Navarro Pérez*, Francisco Arias de Haro*

Nuevos datos para el estudio del sistema de fortificación medieval de la ciudad de Jaén. Intervención arqueológica en la Puerta de Martos

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Autores: Vicente Barba Colmenero, Francisca Alcalá Lirio, Francisco Arias de Haro, Mercedes Navarro Pérez, Ana Belén Herranz Sánchez *

*Arqueólogos
Ana Belén Herranz, Francisco Arias, Mª Carmen Pérez, Vicente Barba, Francisca Alcalá y Manuel de Toro: Intervención arqueológica de Urgencia en el espacio público Puerta de Martos, Jaén, enero de 2003.

INTRODUCCIÓN Y CONTEXTO

La intervención arqueológica junto a la antigua Puerta de Martos de la ciudad de Jaén 1 se realizó en el año 2002, en el marco de actuaciones que el Proyecto Urban (Ayuntamiento de Jaén) viene desarrollando en los últimos años en distintos espacios públicos de la ciudad. De esta forma, se llevó a cabo una excavación arqueológica que hoy en día llamaríamos preventiva, con motivo de la construcción de una nueva plaza que los vecinos del barrio venían reclamando desde hacía largo tiempo.

El solar se encuentra ubicado en la zona oeste de la ciudad de Jaén, en concreto en el barrio de la Magdalena, junto a los antiguos lienzos de murallas (Figura nº 1). Previo a la intervención, la zona presentaba un estado lamentable (Lámina 1): acumulación de basuras, vertidos recientes de escombros, aportes de tierras y abundante vegetación; aunque aún podía observarse en la zona Este del solar parte del lienzo de tapial de la fortificación medieval, sobre el que se levantaba una vivienda, y junto a la cual se apreciaban restos de una torre muy deteriorada, y que se encontraría originalmente revestida con mampostería.

La topografía de la zona presentaba una acusada inclinación descendente hacia el Norte, en dirección a la carretera de Córdoba, configurándose como un lugar abrupto y escarpado a las afueras de la ciudad histórica, y desde donde se puede divisar la planicie que se extiende a los pies del cerro de Santa Catalina hacia el Norte, y gran parte de la campiña alta del valle del Guadalquivir.

En la actualidad esta zona y su entorno recoge el topónimo de la antigua Puerta de Mar-tos, trasladado en los años cincuenta a alguna de las calles del barrio y en la actualidad al nuevo espacio público. La puerta estuvo en pie hasta 1866, momento en el que por su estado ruinoso se decide derribar, aunque su recuerdo ha permanecido vivo hasta hoy en día en la memoria colectiva de los habitantes del barrio, ya que este lugar quedaba configurado como uno de los extremos de la ciudad, de donde partía el antiguo camino que llevaba a la localidad de Martos.

Unida a esa memoria colectiva encontramos diversas crónicas, relatos y grabados que describen algunas de las estructuras que conformarían las defensas de la ciudad: murallas, puertas, torres, cavas…, siendo la Puerta de Martos una de las más importantes que tuvo el perímetro urbano, y que en los últimos años se ha prestado a diversas discusiones y debates entre historiadores, ya que las referencias eran incompletas y confusas.

La Puerta de Martos queda situada dentro del tramo de muralla llamado de la Magdalena, recorrido que dibuja la fortificación desde su zona Norte, lugar conocido como Postigo de la Llana, hasta alcanzar la linea superior de la carretera de Córdoba y dirigiéndose hacia el noroeste, hasta alcanzar la Puerta del Aceituno situada en el extremo oeste de la calle Millán de Priego.

LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA

Se realizó un primer sondeo en la parte Este del solar, junto al lienzo de muralla que aún era visible, de 12.5 por 7.5 metros (Corte 1). Debido a la aparición de otro lienzo de muralla, se planteó la excavación de un segundo sondeo junto al anterior, con unas dimensiones de 3.5 x 2.5 metros (Corte 2), con el objetivo de esclarecer hacia dónde giraba aquel, ya que se perdía hacia la mitad Sur del solar (Figura nº 2). El lienzo de muralla tenía una continuación en dirección Suroeste, por lo que se amplió la zona de excavación para documentar la planta completa de la fortificación, finalmente se limpió superficialmante todo el solar. Los resultados confirman la existencia de un sistema defensivo con varias fases constructivas y momentos históricos, vinculados a la estructura de una de las puertas de entrada a la ciudad: la Puerta de Martos.

Los restos más antiguos localizados, corresponden a la tumba de un varón adulto, de tipo fosa, excavada en el sustrato geológico (CEF. 2 Corte 1-Sector C). A pesar de no disponer de una estratigrafía relacionada con esta inhumación que nos permita precisar su cronología, ya que se encuentra afectada por una zanja de cimentación realizada tras la conquista cristiana (UEC. 107), su relación con la estratigrafía general del sondeo, así como su orientación y la disposición de la inhumación, podrían indicar que se corresponde con un enterramiento del siglo X, ya que es en este momento cuando se tiende a orientar los cuerpos de Suroeste a Nordeste. La inhumación presenta una posición en decúbito supino lateral derecho, y con el rostro dirigido hacia el Sur (Lámina nº 2). No se ha podido determinar el tipo de fosa en el que se realizó dicho enterramiento, al estar muy afectada por la zanja de época cristiana. El cuerpo se encontraba cubierto completamente por las margas que componen la base geológica en este lugar, hecho que podría deberse a un corrimiento de éstas, o a un desprendimiento de la cubierta de la tumba, en el caso de que se hubiera realizado en una fosa excavada con forma abovedada aprovechando la escasa dureza de la base geológica, facilitando, de este modo, una cubrición parcial de la sepultura, como las documentadas en las necrópolis localizadas en la Zona Arqueológica de Marroquíes Bajos (SERRANO y CASTILLO 2000).

No se han documentado restos de otras sepulturas durante la intervención, aunque sí han aparecido diversos fragmentos óseos humanos en los niveles de época cristiana del corte 1 (UE. 42, 43 y 48), lo cual nos hace pensar que con toda probabilidad existirían en esta zona de la ciudad musulmana muchas más sepulturas que fueron destruidas durante las reformas de las murallas en época cristiana.

Estos son los únicos datos materiales sobre la ubicación de una posible necrópolis en esta zona de la ciudad de Jaén en época islámica. También disponemos de diversas noticias de los habitantes del barrio, que nos han informado sobre el hallazgo de sepulturas aparecidas en las obras de cimentación de construcciones recientes, realizadas en las cercanías de la Puerta de Martos, como por ejemplo en el destierro de la Clínica Avicenar; lo cual vendría a confirmarnos la existencia de una zona cimenterial en el entorno de esta entrada. Por otro lado, Mª Soledad Lázaro (1988) ha localizado escrituras de arrendamiento de huertas de 1630 situadas a extramuros de la Puerta de Mar-tos, en las cuales se menciona la existencia de un cementerio (LÁZARO MS., 1988: 37). Esto la ha llevado a considerar que esta puerta pudo ser la que las escasas citas de las crónicas que relatan los cercos de Jaén denominan del Honsario o del Fonsario. No obstante, las referencias son poco claras. Según la Crónica de los Pobladores de Avila, en el primer cerco ocurrido en 1225, las tropas del Concejo de Ávila se ubicaron: en aquella plaza se face çerca de las huertas contra Castro. En el segundo cerco fueron situados por Fernando III: en una cabeça que es sobre el alcáçar, e era logar que se non podrí-en correr quando menester les fuesse los de la hueste, lugar que se identifica con el cerro del Neveral. En el tercero, no se señala el lugar en el que se ubicaron, la crónica sólo indica que: sirvieron-le siete meses, e fizieron y dos espolonadas. La una fue a la puerta del Fonsario, e metiéronlos todos en el castillo, en guissa que en las barreras non fincaron ningunos. La segunda espolonada: El dia de año nuevo, los moros metieron su celada fuera de la villa contra Castro, e dieron siete cavalleros que llegaron fasta la alcantarilla. Yendo por el camino contra Castro, fallaron y unas azémillas de don Alvar Gil de Villalobos, e acogiéronlas.

De aquí se deduce que la puerta situada frente a Castro es distinta de la del Fonsario, ya que el cerro de Castro se ubica en las proximidades del río Quiebrajano, en dirección a Valdepeñas, por tanto la puerta de esa zona es la antigua Puerta de Granada. Y por ello, la del Fonsario debe corresponder a una de las puertas situadas en las zonas Norte y Este. J. Eslava consideró que el Fonsario no sería un espacio delante de una puerta determinada, sino la “vega sin relieves por donde discurrían las aguas de La Magdalena” donde se localizaban las puertas de Martos, de El Aceituno, y de Baeza, donde se encontrarían los cementerios de la ciudad. Ello explicaría que en el tercer cerco las tropas de Ávila pudiesen actuar en varias direcciones.

Junto al enterramiento, también se han documentado en ambos sondeos diversas fosas circulares excavadas en la base geológica, que contenían gran cantidad de cenizas, carbones y restos de fauna. En cuanto a las cerámicas localizadas en su interior, se encuentran fragmentos realizados a torneta, decoraciones de pintura en almagra y vidriados en verde y manganeso, lo cual nos aporta una cronología en torno al siglo X.

Algunos estudios sugieren que en el siglo IX, durante el reinado de ‘Abd al-Rahman II, la parte de la ciudad ubicada en las laderas del cerro de Sta. Catalina (excluyendo por tanto la zona de Marroquíes Bajos), quedó rodeada por un sistema de fortificación que recomponía trazados de fases anteriores, (SALVATIERRA, SERRANO y PÉREZ 1998). Si es correcto, debió ser en estos momentos cuando se levantó la Puerta de Martos, aunque no se han detectado niveles arqueológicos de estas fases tempranas, quizá porque las transformaciones posteriores de la fortificación han borrado cualquier indicio de época omeya.

En la intervención arqueológica se han documentado diversos lienzos de muralla que aún se conservan en pie, realizados con tapial y pertenecientes al siglo XII. Éste es el caso del paño que se dirige hacia la Puerta del Aceituno en dirección Oeste. Este tramo, en la actualidad, cumple la función de cimentación de las viviendas contiguas, al igual que la vivienda situada al Este de la parcela que, como ya hemos dicho, se apoya directamente sobre el lienzo de muralla que ha llegado visible hasta hoy. Este último queda unido al paño anterior por una torre esquinada realizada en mampostería y posiblemente de una fase posterior. Estos lienzos unidos configuran un ángulo de 90º, que se corresponde con uno de los quiebros más importantes del sistema de fortificación de la ciudad (Lámina nº 3).

Aunque estos paños de fortificación se encuentran bastante deteriorados, es posible apreciar la línea que diferenciaría los cajones del tapial, así como varios mechinales.

Junto a los lienzos en pie, también se han documentado durante el proceso de excavación diversos restos constructivos de tapial, los cuales parecen haber sido derrumbados en época cristiana hacia el exterior de la fortificación, durante uno de los procesos de reforma que sufrió la Puerta de Martos tras la conquista. En concreto, en los dos sondeos se han localizado restos de grandes bloques de tapiales compactos y guardando una alineación, los cuales han caído sobre niveles pertenecientes a época cristiana (Láminas 4 y 5). Este hecho, unido a la aparición de una torre en la limpieza en extensión del solar, que estaría al extremo de esa línea derribada, parece implicar la existencia de una torre albarrana que defendería la entrada de la puerta en el período islámico que estamos analizando.

La fortificación desde la Puerta de Martos a la del Aceituno se configura, por tanto, al igual que el tramo superior (ver Castillo y Cano en este mismo volumen), como un sistema complejo, de lienzos con quiebros y torres, adaptados a la inclinación del terreno. Pero la Puerta de Martos se reforzó mediante la construcción en su lado Este de una torre albarrana relativamente adelantada, con el objeto de defender la puerta desde este lateral, donde comienza la bajada hacia el barranco situado en la carretera de Córdoba. Frente a esta torre, habría otra que mataría el lienzo que bajaba desde el castillo, y desde ella partiría otro lienzo hasta la Puerta, configurándose un largo pasillo de entrada a la ciudad. Se trata por tanto, de un sistema de puerta de entrada recta pero defendida por dos torres, una de ellas avanzada sobre el lienzo principal (Figura nº 3).

Como hemos indicado, al exterior de la fortificación el terreno natural presenta una fuerte pendiente, y no se ha documentado estratigrafía islámica, ya que aquí sufriría un proceso de erosión muy acusado. Tampoco se ha localizado ningún tipo de estructura defensiva anexa, como podría ser un antemuro o una cava, los cual parecen ser inexistente en esta zona, por el hecho de que el propio barranco actuaría como defensa.

En el interior de la fortificación se han localizado, de nuevo en ambos sondeos, diversos niveles estratigráficos horizontales (UE. 56, 68 y 142), producto quizá de nivelaciones deliberadas del terreno para facilitar de esta forma la posibilidad de construir en este lugar abrupto.

Sobre esos estratos, que nivelan el terreno hacia el interior de la fortificación, encontramos diversos elementos constructivos. En el extremo Sureste del corte 1 se localiza una superficie horizontalizada que correspondería a un suelo de ocupación adosado a una estructura construida con ladrillos, piedras y yeso. Adosada al Oeste de esta estructura, y perteneciente a este mismo momento constructivo se encuentra un muro de tapial (UEC. 37), que presenta una orientación en dirección Noroeste-Suroeste. No se ha podido determinar la funcionalidad de dichas estructuras, aunque podrían corresponderse con construcciones relacionadas con un posible cuerpo de guardia anexo al interior de la muralla islámica en fases más tardías, ya que los materiales pertenecen al siglo XIII (Lámina nº 6).

En este mismo período se fecharía lo que parece ser una pequeña canalización con sección en U, tapada con losas de piedra y que tendría una dirección Sur-Norte. Su continuidad o posible relación con la muralla islámica no se han podido determinar debido a las reformas cristianas que arrasan con parte de esta canalización, la cual es muy probable que fuera utilizada para evacuar las aguas residuales del interior de la ciudad islámica.

Tras la conquista cristiana, aunque en momentos difíciles de fechar, el sistema de fortificación sufrió diversas reestructuraciones, sobre todo en aquellas zonas que fueron deteriorándose más, con la introducción generalizada de diferentes elementos de construcción, empleándose para ello nuevos materiales. Al principio todo el trazado del sistema de fortificación de la ciudad siguió en uso, pero paulatinamente, las murallas de tapial que aún conservaban su integridad fueron revestidas con muros de mampostería, un sistema que se ha denominado de “encamisado” (Láminas nº 7 y 8); en cambio, aquellas partes arruinadas fueron derribadas y rehechas de mampostería, como es el caso que nos ocupa en la Puerta de Martos, donde, como hemos indicado, se han localizado grandes bloques de tapial perteneciente a lienzos islámicos demolidos, caídos sobre los niveles arqueológicos de la primera ocupación cristiana de la ciudad.

De esta manera, se reconstruye la muralla localizada tanto en los corte 1 y 2 como en la limpieza en extensión del solar (UEC. 97). Para ello se abrió una zanja de aproximadamente 3 metros de ancho (UE. 107) en el mismo lugar en el que se encontraba la muralla islámica, y desde donde se levantó la nueva cerca. Esta zanja rompe la estratigrafía existente hasta la base geológica, arrasando los niveles pertenecientes a la fundación de la muralla de época islámica, así como a los restos de la necrópolis anteriormente comentada. Por tanto, la muralla original del periodo islámico fue completamente recubierta por la castellana desde su base hasta una altura de unos 3 metros aproximadamente, la parte alta que se encontraba arruinada se derribó y se construyó un nuevo alzado (Lámina nº 9).

La muralla castellana excavada conserva aproximadamente un alzado de unos 4 metros desde su base, y tiene una anchura de 1.80 metros. Está compuesta por un núcleo de enripiada con argamasa de cal, arena de color amarillento y piedras. Tanto la cara interna como la externa se componen de sillares irregulares dispuestos en hiladas, y nivelados en ocasiones con verdugadas de tejas y ladrillos. Ambas caras de la muralla se encuentran enlucidas con un mortero de color amarillento, que se conservaba perfectamente en su cara interna.

Tanto la fortificación como la estructura de la puerta reproducen el mismo recorrido que el analizado en época islámica. Para este análisis en esta etapa contamos con un valioso testimonio gráfico, una fotografía tomada de la puerta en el siglo XIX con motivo de la visita de Isabel II a Jaén, que unida a los datos arqueológicos recuperados en la intervención, nos muestran la articulación y estructura de esta entrada a la ciudad (Figura nº 4).

En ella observamos la existencia de una torre albarrana que al menos en su cara Oeste se encuentra revestida por sillares de grandes dimensiones, con sillarejo en las esquinas. Esta torre ha sido localizada durante la intervención arqueológica al Oeste del corte 2, aunque tan solo ha sido posible documentar su cara Norte, destruida en el año 1866 con el derribo definitivo de la puerta 2.

La torre está construida con un núcleo de tapial, revestida en su cara externa por sillares. Es de planta cuadrada, y con unas dimensiones aproximadas de 9 por 9 metros. La tipología que reproduce es muy similar a la de la torre del homenaje del Castillo de Santa Catalina. Esta se ha sugerido que puede fecharse, en base a la estructura de cubrición de su planta inferior, en la segunda mitad del siglo XIII, quizá durante el reinado de Alfonso X.

Como hemos indicado anteriormente, esta torre estaría ocupando la posición de otra de origen islámico. En el corte 2 se puede apreciar como el tapial islámico (UE. 83) fue recortado, y sobre él se montó la nueva construcción cristiana. La cara exterior de esta estructura se encuentra muy deteriorada como consecuencia del derribo de la puerta en 1866, aunque hemos podido documentar en planta su cara externa (Lámina nº 10).
En la zona nordeste del solar existe otra torre que se adosa y refuerza la muralla islámica en el giro de 90º que realiza hacia el Norte, en dirección hacia la Puerta del Aceituno. No se puede precisar la cronología de esta estructura, ya que no ha sido posible intervenir en este lugar por encontrarse muy deteriorada y existir peligro de desprendimientos. En su base se 2 A.M.J. Legajo 494. Expediente de demolición de la puerta.

aprecia que se trata de una torre de planta cuadrada con unas medidas aproximadas de 5 metros en su cara Norte, y de 3 metros en sus lados Este y Oeste, con un núcleo interno muy parecido al de la torre albarrana de época castellana (UE. 121), lo que nos podría indicar una misma cronología o fase constructiva. Topográficamente esta torre cierra el conjunto de la defensa de la puerta, y podemos identificarla con el nombre de torre Perea, ya que Mª S. Lázaro localiza con ese nombre a una torre en esta puerta por aparecer en escrituras de arrendamiento, aunque no fue derribada por completo como supone la autora (LÁZARO, 1988) (Lámina nº 11).

El conjunto de la Puerta de Martos se compondría de una tercera torre, como muestra la fotografía del XIX, y que se encontraría en el lado opuesto al solar, enmarcando de esta forma la puerta, ubicada en la actual calle y lugar donde no se ha realizado ninguna intervención arqueológica. Se trata de una torre de planta cuadrada adosada a la línea principal de la muralla islámica de tapial, la cual se aprecia en la fotografía por detrás de la torre. Pensamos que es muy posible que esta estructura ocupe la posición de una torre anterior de origen islámico, del mismo modo que ocurre con la torre albarrana, ya que se fabrica con mampostería regular presentando refuerzos de sillarejos en sus esquinas, es similar a algunos elementos existentes en la muralla Norte pudiendo datarse en el siglo XIV.

De esta forma, la puerta quedaba enmarcada por dos torres (Figura nº 5), una albarrana en su lado izquierdo (según se mira la fotografía) y adelantada 15 metros de la línea de fortificación, mientras que la de la derecha se localizaría a ras de ella, la cual es identificada por Mª S. Lázaro como torre del Comendador (LÁZARO, 1988). Entre ambas se abre la puerta con acceso recto, enmarcada por un arco de herradura de ladrillos con pequeño alfiz. El tramo interior, según se desprende del acta de demolición, presenta una bóveda de medio cañón “…de muy mal género, como también los estribos del arco de dicha puerta…” 3, por lo que intuimos que sería de ladrillo. J. Eslava (Eslava, 1999) interpreta que la puerta presentaba dos cuerpos, el anterior mucho más elevado que el posterior, teniendo un espacio abierto entre ambos cuerpos y un largo pasillo entre ellos. Este aspecto lo hemos podido aclarar con los resultados arqueológicos, ya que una vez sobrepasado el primer cuerpo con arco de herradura se llega a un gran espacio abierto, a modo de pequeña plaza, y aunque el acceso se realiza de forma recta, el visitante en ese espacio se ve rodeado por dos imponentes torreones y las murallas que cierran el circuito. En este lugar, como se indicó anteriormente, se localizaron restos de estructuras y suelos de ocupación de época islámica lo cual puede identificarse con un cuerpo de guardia; en cambio, para época cristiana no disponemos de estratigrafía en este espacio ya que fue arrasada en época contemporánea.

La puerta de Martos continuaría en uso hasta el siglo XIX, ya que en el año 1866 las autoridades municipales ordenan su derribo. Durante la demolición de la puerta se extrajeron los sillares de las caras exteriores de las torres y de la muralla para su venta. Éste es el motivo por el cual se conserva un alzado de 2,20 metros aproximadamente de la cara externa de la muralla. Se extrajeron todos los sillares hasta el nivel de suelo existente en el momento. Tanto en el corte 1 como en el corte 2 se han localizado estratos que se corresponden con el momento de derribo (UE. 25), tras el cual, el desnivel existente al norte de los restos de la puerta se fue rellenando con escombros hasta la actualidad.

Como nota anecdótica podemos mencionar los 164 metros de muralla derribados de mampostería, y 110 metros de tapiales, obra que supuso un coste de 1844 reales de vellón, y la puerta y sus herrajes fueron vendidos por valor de 500 reales de vellón, aunque desconocemos por el momento quien la adquirió y lo que hizo con ella.

BIBLIOGRAFÍA

Crónica de la Población de Avila. Edición e índices de Amparo Fernández Segura. Valencia 1966.
ESLAVA GALÁN, J. (1999): Castillos y Atalayas del Reino de Jaén. Ideal y La General. Caja de Granada.
LÁZARO DAMAS, S. (1988): Desarrollo histórico del casco urbano de Jaén hasta 1600. Jaén, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos.
SALVATIERRA CUENCA, V.; SERRANO PEÑA, J.L.; PÉREZ MARTÍNEZ, M. C. (1998): “La formación de la ciudad en al-Andalus. Elementos para una nueva propuesta”. CRESSIER, P. y GARCIA-ARENAL, M. (Eds): Genése de la ville islámique en Al-Andalus et au Zagreb Occidental. Casa de Velásquez-CSIC, Madrid: 185-206.
SERRANO PEÑA, J.L.; CASTILLO ARMENTEROS, J.C. (2000): “Las necrópolis medievales de Marroquíes Bajos (Jaén). Avance de las investigaciones arqueológicas”. Arqueología y Territorio Medieval, 7: 93-120. Universidad de Jaén.

ANUARIO ARQUEOLÓGICO DE ANDALUCÍA 2004.1

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INTERVENCION ARQUEOLÓGICA PREVENTIVA EN LA C/MURCIA Nº 27. ALMERÍA

Autores: FRANCISCO ARIAS DE HARO, FRANCISCA ALCALÁ LIRIO, JERÓNIMO SANTOS IBARRA

Durante el mes de julio de 2004 se realizó la Intervención Arqueológica Preventiva en la Calle Murcia nº 27 de Almería, situada en la zona de la necrópolis de bab Bayyana, situada a las afueras de la antigua puerta de Purchena, en la que se han documentado tres niveles superpuestos de inhumaciones sin ajuar pertenecientes a época islámica fechadas en torno a la etapa nazarí.

El foso defensivo del sistema de fortificación de la ciudad medieval de Jaén. Excavación arqueológica en el solar de la Calle Millán de Priego n.º 59

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Autores: Francisco Arias de Haro, * Francisca Alcalá Lirio, * Vicente Barba Colmenero, * Mercedes Navarro Pérez *

INTRODUCCIÓN

En el año 2002, con motivo de una excavación arqueológica de urgencia 1 en un solar de nueva construcción en la calle Millán de Priego nº 59 , se consiguieron recuperar nuevos datos para el conocimiento del sistema de fortificación medieval de la ciudad de Jaén. La vivienda quedaba ubicada en el límite del Casco Histórico, en concreto junto a uno de los lienzos de muralla que bordean la ciudad medieval, el cual servía de medianería al edificio con las viviendas colindantes (Figura nº 1).

Debido a la situación de la muralla, la cual soportaba la cimentación de los edificios contiguos, hubo que realizar un estudio previo de paramentos antes de derribar el edificio. El resultado fue que la muralla se localizaba en el muro medianero en el fondo del solar. El lienzo localizado conservaba una altura media de 7 metros, y sobre él se observaban diversas reparaciones y fases constructivas, para lo cual se realizó un estudio estratigráfico de los paramentos que presentaba.

Posteriormente, se procedió a realizar la intervención arqueológica. Se efectuaron tres sondeos estratigráficos, los cuales se fueron adaptando a las diversas habitaciones que tenía la vivienda aún en pie. De esta forma el Corte 1 tenía unas dimensiones de 1.36 metros por 4.50 metros, el Corte 2 de 2.90 metros por 2 metros, quedando ambos sondeos situados al Sur de la parcela, junto a la muralla; y el Corte 3 con unas dimensiones de 7.35 metros por 1.50 metros, y ubicado al Norte del solar, en línea con la calle Millán de Priego. Finalmente se realizó una ampliación al norte del Corte 2, con unas dimensiones de 1.65 metros por 1.65 metros (Figura nº 2).

Como resultado, la intervención arqueológica consiguió delimitar por primera vez el foso o cava y el antemuro que las diferentes fuentes escritas nos dicen que construyó el Condestable.

* Arqueólogos
“Intervención Arqueológica de Urgencia en la calle Millán de Priego, nº 59 de Jaén”. Francisco Arias de Haro, Vicente Barba Colmenero, Francisca Alcalá Lirio y Ana Belén Herranz Sánchez.
D. Miguel Lucas de Iranzo, en algunos tramos del sistema de fortificación de la ciudad medieval.

LA MURALLA. ESTRATIGRAFÍA MURARIA
El trazado que describe la muralla que nos ocupa, recorre la totalidad de la calle Millán de Priego, desde la antigua Puerta del Aceituno, situada en el antiguo parque de bomberos (ver artículo en este volumen), hasta alcanzar la actual plaza de los Jardinillos. Este recorrido ha reproducido históricamente una configuración urbana con viviendas que se han ido adosando a la muralla, adquiriendo forma de muro pare-daño. Esta apariencia urbana se ha visto troncada en los últimos años del siglo pasado, ya que esta articulación se viene perdiendo debido principalmente a que las nuevas construcciones requieren mayores extensiones para edificar, por lo que se rompe con la fisonomía de las manzanas urbanísticas, que habían sido heredadas como proceso de macización entorno a los sistemas defensivos de la ciudad medieval.

El tramo que aquí presentamos tiene una longitud de 8 metros, y una altura media de 7 metros. Presenta diversas reestructuraciones y reconstrucciones a lo largo de su historia, motivo por el cual se procedió al análisis estratigráfico de los paramentos (Figura nº 3).
Lo primero que nos llama la atención sobre este tramo, es que presenta diversas aperturas, rotos y desniveles, lo cual nos ha permitido recomponer la secuencia del muro. Debido a una pequeña apertura en la parte inferior de 1 metro de ancho por 2,5 metros de alto, realizada para habilitar unos servicios del bar que exitía en los bajos del edificio, se ha podido documentar la parte más antigua de la muralla (UEC I y VII). Se corresponde con el lienzo de tapial que se hace visible en una superficie de unos 2 metros cuadrados. El grosor del muro es de unos 65 cm, y se construiría usando cajones de aproximadamente 1 metro de altura. Aunque carecemos de estratigrafía que nos permita establecer su cronología, por la técnica constructiva y por las relaciones con el resto del sistema de fortificación, podría tratarse de la muralla de tapial de época islámica construida entre los siglos XI-XII.

La cara exterior de esta primitiva muralla se encuentra revestida en su totalidad por un encamisado de sillares irregulares, unidos con mortero de argamasa compuesta de cal y arena de color amarillenta (UEC III y IV). Entre los sillares predominan las formas alargadas, y se sitúan dispuestos horizontalmente. Este lienzo de piedra formaría un revestimiento en la cara exterior del muro de tapial, cuya construcción pudo producirse entre los siglos XIV y XV, tras la conquista cristina de la ciudad.

El muro ha sufrido diversas alteraciones a lo largo del tiempo. Presenta varios huecos y reparaciones en su parte inferior, que han sido tapados con piedras de pequeño tamaño, unidas con tierra y yeso (UEC V-VI-VIII-X-XX y XXI). También en esta zona junto al Corte 2, se muestra algo más deteriorado que el resto, al verse en parte afectado por la construcción de una canalización que circula adosada a la muralla, en su zona más baja (UEC IX).

La zona superior del muro, que alcanza una altura de 3 metros y medio desde su base, también está afectada por la construcción de una chimenea en el siglo XX (UEC XIV), para lo cual se abrió en los paramentos una roza de más de 4 metros de longitud.

Sobre la muralla cristiana se localiza otro encamisado que presenta un pequeño retranqueado sobre la línea de desplome (UEC XIXII y XIII). Su técnica constructiva es muy parecida a la del anterior, con sillares irregulares dispuestos horizontalmente, aunque la argamasa es diferente, de color grisáceo. Este muro estaría formado por dos cuerpos: el primero levantando un muro de aproximadamente 1.10 metros de altitud, y nivelando en su zona superior con piedras de menor tamaño, desde donde se levanta el segundo cuerpo, de altura similar, teniendo una altura media de 2.40 metros, y por los materiales localizados en su limpieza lo fechamos en el siglo XVI.
En la zona Oeste, también se encuentra afectado por la chimenea citada anteriormente. En cambio, en la zona Este el muro está totalmente destruido, al igual que la parte superior de época castellana. Debió producirse alguna destrucción que se solucionó mediante la creación de una pared medianera compuesta principalmente por ladrillos y yeso (UEC XV y XVI).

En este muro de ladrillos existen dos hornacinas de 1.60 metros por 0.60 metros, utilizadas como servicios en la casa existente en el siglo pasado. En el interior de estos huecos es posible apreciar la existencia de tapial tras los ladrillos, compuesto por tierra, restos de cerámica y algunos nódulos de cal, siendo el mismo que se localiza sobre los dos muros descritos anteriormente, y correspondientes a la segunda planta de la vivienda (UEC XVIIXVII y XIX), fechándolo por los materiales recuperados en torno al siglo XVI.

En resumen, sabemos que la muralla original pertenece a la etapa islámica y se encontraba realizada de tapial. Tras la conquista cristiana fue revestida por un encamisado de mampostería irregular, el cual perdurará hasta el siglo XVI, momento en el que se reconstruye la parte alta, con un nuevo paño realizado primeramente de tapial y revestido nuevamente con mampostería. Desde época moderna hasta nuestros días, el muro dejó de ejercer su función como tal para convertirse en una medianería de casas, momento en el cual se pierde su integridad. Se pierden parte de sus elementos ya que se realizarán rozas para empotrar chimeneas, se practican aperturas para colocar desagües, etc…

LA INTERVENCIÓN ARQUEOLÓGICA

Como hemos apuntado, debido a la construcción de un edificio se realizó una intervención arqueológica llamada de urgencia, en un solar con forma rectangular y que ocupaba una extensión de 112 m2.

Aunque la mayor parte de la estratigrafía documentada a lo largo del proceso de excavación es de época moderna, y corresponde principalmente a niveles de acumulación de escombros, ha sido posible identificar una serie de elementos pertenecientes a etapas históricas anteriores y relacionados con el sistema de fortificación de la ciudad medieval.

En primer lugar para la etapa islámica, hay que decir que la cimentación de la muralla de tapial parece apoyar directamente sobre la base geológica (UE. VII – Corte 2), y está compuesta por el mismo material, a modo de pequeña plataforma o zócalo que nivela el terreno.

Una vez conquistada la ciudad por los cristianos, el sistema de fortificación es reforzado o reconstruido en su mayor parte. En estos momentos, como hemos indicado, la primitiva muralla es recubierta por una pared de piedra. En el corte 3 se ha localizado estratigrafía relacionada con este momento, datada en torno a los siglos XIV- XV (Corte 3 – UE. VII), localizándose fragmentos de cerámicas que reproducen la técnica del reflejo metálico. Se corresponderían con estratos de colmatación en el interior de un gran desnivel de más de 2.5 metros de profundidad ubicado inmediatamente anterior a la muralla y paralela a ésta. Este desnivel se produce de forma artificial excavando la base geológica, y se han localizado sus límites teniendo una anchura aproximada de 9 metros. Pensamos que se corresponde con el foso de época cristina conocido como la “cava” que mandó construir el Condestable D. Miguel Lucas de Iranzo 2 (Figura nº 4).

2 “para guardar y defensa de los dichos molinos, mandó fazer desde las Peñuelas, baxo de la Puerta de Martos, fasta la cava que llaga al adarve, una cava; do mando poner muchos mandeletes. E iva por el caminoque va debaxo de las dichas peñuelas, fasta la puerta del Azeituno, otra cava bien fuerte. la qual, asi mesmo, mandó fortificar con muchos mandeletes y tapiales” […] “mandó fazer una cava desde la puerta de Martos, por el camino abaxo, fasta en cabo de todas las huertas. Y dende bolvía por en canto de unas haças e de las dichas huertas un grand trecho. Y tenia en voluntad de çercar todas las dichas huertas y el exido de la puerta Barrera fasta llegar a la puerta Noguera…” (Relación de hechos… 2001:225 y 248). Recogido en el estudio de la Carta Arqueológica de Riesgo de la ciudad de Jaén, estudio realizado por Vicente Salvatierra Cuenca, a quien agradecemos su consulta.

En el interior del foso en una de sus caras se ha documentado un antemuro, el cual se compone de varios muros adosados paralelos al lienzo de muralla, y separándose de ésta unos 2 metros (Corte 2 – UE. XVIII y XIX). De esta forma, se crea un pasillo entre la muralla y el foso delimitado por un antemuro realizado por dos estructuras: la primera de ellas se corresponde a la UE. XVIII del Corte 2, está formado por dos bloques recortados de roca y tiene un grosor medio de unos 70 cm; como refuerzo encontramos un segundo muro adosado (U.E. XIX – Corte 2), de unos 65 cm de grosor, compuesto por sillares irregulares de piedra unidos con argamasa, la cual se asemeja a la empleada en el lienzo de muralla descrito anteriormente.

Ha sido posible documentar un alzado del antemuro de 1.30 metros, aunque es de esperar que su cimentación apoyará sobre el estrato geológico, y ésto hace suponer un alzado exterior conservado de unos 2.40 metros (Figura nº 5).

Los estratos de colmatación del interior del foso se corresponden con sedimentos que contienen abundantes limos y gravas, lo cual nos hace suponer que por esta estructura estuvo circulando gran cantidad de agua, posiblemente derivada de los distintos arroyos que hay en el interior de la ciudad medieval, como el documentado en el “edificio Veredas” muy cercano a nuestro estudio (Castillo Armenteros, J.L. y otros, 1995).

El foso parece estar abierto hasta su colmatación definitiva a finales del siglo XVI, momento en el cual se encuentra totalmente amortizado (Figura nº 6), quedándose este espacio como posible erial hasta la construcción de una vivienda en el sigo XVIII, pese a que diversos autores han apuntado una temprana macización de esta zona de la ciudad donde se extendía un arrabal (Ulierte, 1990; Lázaro Mª S., 1988).

La vivienda queda definida en los sondeos 1, 2 y 3. Se corresponde con varios muros de mampostería irregular, donde se pueden apreciar diversos vanos cegados posteriormente. También se han documentado una serie de suelos empedrados pertenecer a un patio, en el que existiría una canalización adosada a la muralla, con dirección descendente hacia el Este.
Estas estructuras fueron en parte reaprovechadas por el edificio que aún se alzaba en píe, al igual que ocurre con el lienzo de la muralla. Hoy en día, una vez demolido el edificio y alzado uno nuevo, la muralla sigue ejerciendo otra función: la de elemento arqueológico conservado en el interior del nuevo inmueble.

BIBLIOGRAFÍA
CASTILLO J.L., PÉREZ M.C., MARÍN, M.M. y ZAFRA, J. (1995): “Intervención Arqueológica de Urgencia en el solar sito entre las calles Millán de Priego, Hornos Franco, Rey Don Pedro y San Andrés de Jaén” A.A.A. III, 1992 Sevilla, 396-406.
LÁZARO DAMAS, Mª. S. (1988): Desarrollo histórico del casco urbano de Jaén hasta 1600. Jaén, Colegio Oficial de Aparejadores y Arquitectos Técnicos de Jaén.
ULIERTE, L. (1990): Jaén la cuidad y su historia. Jaén, CEMCI.

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